Una voz católica en la televisión cubana

22 09 2015

Todavía muchos se preguntan quién es el joven Padre a quien ha tocado la misión de habernos llevado de la mano por el recorrido del Sumo Pontífice en Cuba. La revista Palabra Nueva nos ofrece una entrevista con el Padre Rolando Montes de Oca:

 

El padre Rolando ha acompañado las transmisiones televisivas para explicar detalles de la religión católica. (Cubahora)

El padre Rolando ha acompañado las transmisiones televisivas para explicar detalles de la religión católica. (Cubahora)

Por Yarelis Rico Hernández / Foto: Caruchi
Arquidiócesis de La Habana, 19 de septiembre de 2015 /

Conversamos con el padre Rolando Montes de Oca, sacerdote camagüeyano que misiona en Maisí, diócesis de Guantánamo.

Yarelis Rico: A usted le ha tocado la responsabilidad, la misión de acompañar a la televisión cubana en las transmisiones de la visita del Papa Francisco a Cuba. ¿Lo sorprendió la noticia de que usted era la persona que iba a hacer esto? ¿Cómo lo supo?
Padre Rolando Montes de Oca: Me sorprendió dado el lugar donde vivo ahora y la misión tremenda que hay en Maisí, son muchas comunidades con pocas oportunidades para que el sacerdote pueda atenderlas de manera más personalizada a cada una. Me imagino que esto tenga que ver con la Diplomatura en Comunicación Social que, desde el Pontificio Consejo se nos ofreció y pudimos realizar acá en La Habana y concluir felizmente hace poco tiempo. Imagino que esa formación que pude allí recibir sea la que haya inspirado a los organizadores de medios de acá en la Iglesia, en La Habana, para escogerme para este servicio. Lo supe por una llamada, una comunicación del Obispo de Guantánamo que me llamó y me dijo que estaban pensando en mí para esto, para este servicio. Lee el resto de esta entrada »

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Martí es la fuerza salvadora

28 01 2013

Eusebio Leal habla del Maestro.

Dr. en Ciencias Históricas de la Universidad de La Habana Eusebio Leal Spengler. (Foto: Otmaro Rodríguez)

Dr. en Ciencias Históricas de la Universidad de La Habana Eusebio Leal Spengler. (Foto: Otmaro Rodríguez)

Ana Ivis Galán García y Lisandra Romeo Matos

Un tema urgente convocó la invitación y bien pronto, el doctor Eusebio Leal, Historiador de La Habana y Profesor Emérito aceptó. Le ocupan todo su tiempo el trabajo, los deberes, sus anhelos y sueños, pero Martí le apasiona.

Intervendrá en la ya cercana Tercera Conferencia Internacional Por el Equilibro del Mundo, del 28 al 30 de este mes, en el Palacio de Convenciones de La Habana. Lee el resto de esta entrada »





Aquellos meses en Birán: la profecía del río Colorado

20 12 2011

Cincuenta años han pasado de aquel hecho histórico en Cuba: la Campaña de Alfabetización, a partir de la cual tanto el país como quienes participaron en ella fueron otros.

Acerca de ello trata esta entrevista realizada por mi joven colega Leslie Díaz Monserrat a dos alfabetizadoras que tuvieron el privilegio de hacerlo en Birán, la zona en que nacieron y crecieron Fidel y Raúl Castro, perteneciente al oriente cubano. Allí estrecharon relaciones con la familia de ambos líderes, especialmente con la madre, Lina Ruz.

Elsa María Hernández Santos continuó con su amor por el teatro, como instructora de arte.

Dicen que quien se bañe en las aguas del río Colorado, ubicado en la zona de Birán —perteneciente ahora a la provincia de Holguín—, se queda para siempre ahí. Quizás esto haya signado las vidas de Elsa María Hernández Santos y Carmen Hernández Santos, dos hermanas que dijeron sí al llamado de Fidel para alfabetizar a toda Cuba.  También, por azar, les tocó llevar el conocimiento justamente al lugar donde  nació el líder de la Revolución Cubana y su hermano, Raúl Castro Ruz. Cincuenta años después hurgan en su memoria y regresan en el tiempo a aquel 31 de mayo de 1961, cuando llegaron a Birán.

Memorias de una alfabetizadora
A Elsa, con 23 años, le tocó ser la jefa de las briga­distas en el lugar, y liderar a aquellas muchachas que habían venido junto a ella desde Rancho Veloz.

«Fui ubicada en la casa de María, una prima de Fidel que aún vive, y por la cual siento un cariño muy especial. Sin embargo, enseguida simpaticé con Dominga, la abuela de esos jóvenes que cambiaron la historia de Cuba en 1959.»

De izquierda a derecha, Elsa María, María, la prima de Fidel y Raúl, y Dominga, en su última foto antes de morir.

—¿Cómo recuerda a Do­minga?
—Todavía me parece verla de pie, con sus piernas vendadas y peinada con un moño en la nuca. Desde el primer momento, entre las dos se estableció una relación muy especial. Ella había vivido en un lugar al que le dicen El Cedro, cerca del central donde habito, el «Quintín Banderas», en el municipio de Corralillo, conocido en aquel tiempo como el ingenio Ramona. Había venido en carreta desde Pinar del Río —hazaña que me pareció increíble—, y me hacía muchas veces los cuentos del viaje que la llevó hasta el oriente del país, el cual, según ella, duró nada más y nada menos que diez años.
«Era muy pícara, un poco resabiosa también. Recuerdo que sus blusas y la sábana de la cama estaban llenas de estampas de santos, que fijaba con alfileres. Quería mucho a sus nietos. Enseguida se encantó conmigo y quiso que fuera a vivir con ella.»
Las historias de Dominga y Elsa son interminables. Ambas se hicieron amigas, confidentes, familia. Mucho regañó la señora a la brigadista por padecer de mal de amores, y no entendía eso de andar enseñando en vez de estar casada. Hasta le dijo un día a Raúl:  «¿Tú ves lo flaca que está?, es porque tenía un novio que la abandonó y ahora la hace sufrir», cuenta aquella joven alfabetizadora que hoy peina canas.
—Entonces, ¿conoció a Raúl Castro?
—Era domingo y estaba ensayando con un grupo de teatro que tenían los brigadistas. Cuando llegué a casa de Dominga, me encontré a Lucre (Lucrecia Pulido Carreras, otra de las villareñas ubicada en Birán) riéndose con los cuentos de Raúl, quien la interrogaba sobre las historias del guajiro que ella alfa­betizaba. Estaban todos muy divertidos, y ella le dijo: “Raúl, esta es la brigadista que vive aquí con tu abuela”.
«Al principio estaba muy nerviosa, porque me resultaba increíble conversar con él en un círculo tan familiar. Le conté  sobre el trabajo que hacíamos en la Campaña de Alfabetización y del grupo de teatro que habíamos formado con brigadistas y campesinos de la zona. Queríamos recaudar fondos con las presentaciones para comprar un televisor para la escuela. Y fue Raúl quien nos lo mandó de regalo a los dos días de su visita.»
—¿Qué  significó para usted alfabetizar en Birán?
—Sin duda, viví una experiencia maravillosa. Pasamos mucho trabajo, pues la mayoría de los alumnos tenían problemas en la vista, pero todos aprendieron.
—Hábleme de sus alumnos, ¿a cuál de ellos le dio más trabajo enseñar?
—A Dominga y a Alejandro Ruz. Ella se negaba porque ya había dicho que no iba a aprender, y  tenía palabra; aunque lograba reconocer el nombre de sus nietos en el periódico.
«Alejandro era hermano de Lina, la madre de Fidel y Raúl, pero a veces se ausentaba de clases. Una vez quiso irse a trabajar fuera de Birán. Se enteró de que iban a hacer unas cooperativas cerca de Holguín, y de repente desapareció. Cuando llegó a aquel lugar, demostró su pericia en el manejo de tractores. Todo bien hasta que llegó a la oficina donde le harían el contrato. En aquel tiempo, muchas personas no sabían si Ruz se escribía con s o con z y quien le estaba llenando los papeles le preguntó. “Igual que lo escribe Fidel, porque soy su tío”, contestó Alejandro, e inmediatamente fue a parar a prisión por hacerse pasar por tío del Comandante en Jefe. Hasta allá tuvo que ir Lina a buscarlo, y desde aquel momento solo quiso llamarse Alejandro González.»
Sin embargo, cada alumno dejó en Elsa una huella peculiar. Todas las emociones, las evocaciones y las experiencias las perpetuó en su libro Birán: memorias de una alfabe­tizadora. Un texto que motivó la realización de esta entrevista. Tal vez porque muchas de esas historias convierten a ese lugar en un sitio ca­si fantástico, por la peculiaridad de la gente que allí vivían y por la hazaña de aquellos jóvenes que, de tanto enseñar, han hecho historia. Lee el resto de esta entrada »





Manuel Araya: “La Fundación Neruda miente, no quieren investigar la muerte de Pablito”

16 11 2011

ENTREVISTA A EXCHOFER DE PABLO NERUDA.  INSISTE EN QUE EL POETA CHILENO MURIÓ ASESINADO.

 MARIO CASASÚS

Valparaíso.- En entrevista exclusiva con Clarín.cl Manuel Araya (1948), desmiente las declaraciones de la Fundación Neruda plasmadas en el expediente judicial (ROL 1038-2011) para esclarecer el presunto asesinato del Nobel chileno: “Nunca he salido de mi país, Charo Cofré y Hugo Arévalo mienten; la persona que me rescató del campo de concentración en el Estadio Nacional fue el Cardenal Raúl Silva Henríquez, él me salvó la vida, yo pesaba 37 kilos al salir del Estadio Nacional, me torturaron, tengo un balazo en la pierna, quedé muy mal de salud, y los milicos me dieron una orden de arraigo por dos años, nunca salí de Chile… Todos los que fuimos colaboradores cercanos de Neruda hemos tenido problemas; ¿por qué la dictadura asesinó a Homero Arce?, lo golpearon tanto que murió a consecuencias de la tortura. ¿Por qué fuimos detenidos los colaboradores de Neruda?, ¿por qué desaparecieron a mi hermano?, ¿lo confundieron conmigo, o era un mensaje para que yo me quedara callado?”

MC.- Don Manuel, ¿recuerda la fecha exacta de su detención al salir de la Clínica Santa María?

MA.- Sí, el 23 de septiembre de 1973, lo recuerdo porque al día siguiente Pablo Neruda saldría a México junto con el Embajador Gonzalo Martínez Corbalá y con la señora Matilde Urrutia; el 23 de septiembre acompañé a la señora Urrutia a isla Negra por las pertenencias y libros inéditos que llevarían al exilio, sin embargo interrumpimos la dirigencia porque a las 4 pm habló Pablito desde el teléfono de su habitación en la Clínica Santa María, nos dijo que entraron a inyectarlo sin darle explicaciones. Al regresar a la Clínica Santa María me mandaron a comprar un medicamento, me detuvieron en la dirección de la farmacia, de ahí me llevaron a la comisaría y después al Estadio Nacional.

MC.- En las memorias de Matilde Urrutia se refiere al chofer de Neruda: “era la única persona que tenía cerca para ayudarme… él había desaparecido con nuestro coche y con él yo perdía la única persona que me acompañaba en todas las horas del día” (Seix Barral, 1986); sin embargo Charo Cofré y Hugo Arévalo aseguran que acompañaron a Neruda y Matilde el 18 de septiembre de 1973…

MA.- Desmiento a Charo Cofré, nadie podía llegar a Isla Negra después del golpe de Estado, los militares tenían bajo vigilancia la casa de Pablito; en las memorias de la señora Matilde Urrutia no escribió nada al respecto de la supuesta visita del 18 de septiembre de 1973. Es ridículo pensar que Pablito, Matilde, Charo y Hugo festejaron el 18 con vino tinto y empanadas, Charo y Hugo mienten al afirmar que durmieron en Isla Negra el 18 de septiembre y que nos acompañaron en su auto detrás de la ambulancia, camino a la Clínica Santa María el 19 de septiembre.

 MC.- En las declaraciones de Charo Cofré durante el juicio, le restó importancia al “chofer de Neruda”; y junto a Hugo Arévalo cometieron perjurio, porque en entrevista con Faride Zerán (Rocinante, 05/2003) reivindicaron “al chofer Manuel Araya”, inventando que Matilde Urrutia lo rescató del Estadio Nacional y lo ayudó a tramitar su exilio en México (sic)…

MA.- Nunca he salido de mi país, Charo Cofré y Hugo Arévalo mienten; la persona que me rescató del campo de concentración en el Estadio Nacional fue el Cardenal Raúl Silva Henríquez –lo conocí en Isla Negra, era muy amigo de Pablito, después de almorzar lo llevaba de regreso a Santiago y conversábamos-, el Cardenal me salvó la vida, yo pesaba 37 kilos al salir del Estadio Nacional, me torturaron, tengo un balazo en la pierna, quedé muy mal de salud, y los milicos me dieron una orden de arraigo por dos años, nunca salí de Chile, la única persona que me ayudó fue el Cardenal, me cuidó en la Vicaría de la Solidaridad, me ayudaba con plata para almorzar y en la búsqueda de mi hermano Patricio Araya, detenido desaparecido desde 1976. Cómo podría irme a México sin tener noticias de mi hermano; Charo y Hugo mienten. Lee el resto de esta entrada »





Neruda fue “asesinado”

14 05 2011

(Tomado de cubadebate)

Allende y Neruda

                  El presidente Salvador Allende y el poeta Pablo Neruda.


Por Francisco Marín*

Todo estaba dispuesto para que el poeta y premio Nobel de Literatura Pablo Neruda se exiliara en México. Había viajado de su casa en Isla Negra a Santiago de Chile y un avión enviado por el gobierno mexicano estaba listo para recogerlo. Sin embargo, tuvo que ser internado en la clínica Santa María. Avisó por teléfono a su mujer, Matilde Urrutia, y a su asistente Manuel Araya que un médico le había puesto una inyección en el estómago. Unas horas después murió. Araya -quien estuvo al lado del poeta en sus últimos días- cuenta a Proceso un secreto que lo ahoga: el poeta “fue asesinado”.

Valparaíso.- El poeta chileno Pablo Neruda “supo a las cuatro de la madrugada (del 11 de septiembre de 1973) que había un golpe de Estado. Se enteró a través de una radio argentina que captaba por onda corta. Ésta informaba que la Marina se había sublevado en Valparaíso.

“Trató de comunicarse a Santiago, pero fue imposible. El teléfono estaba fuera de servicio. Recién como a las nueve de la mañana confirmamos que el golpe se había concretado. (…) Ese 11 de septiembre fue un día caótico y amargo porque no sabíamos qué iba a pasar con Chile y con nosotros.”

Manuel Araya Osorio habla de Neruda con la familiaridad de quien ha compartido momentos cruciales con un personaje histórico. Y sí. Fue asistente del poeta desde noviembre de 1972 -cuando regresó de Francia- hasta su muerte el 23 de septiembre de 1973.

El corresponsal se reunió con este personaje el pasado 24 de abril en el puerto de San Antonio. La entrevista se llevó a cabo en la casa del dirigente de los pescadores artesanales chilenos Cosme Caracciolo, a quien Araya le pidió ayuda para develar un secreto que lo ahogaba: “Lo único que quiero antes de morir es que el mundo sepa la verdad, que Pablo Neruda fue asesinado”, asegura a Proceso.

Sólo el diario El Líder, de San Antonio, dio cuenta parcial de su versión el 26 de junio de 2004. Pero no trascendió por la poca influencia de este medio.

Araya afirma que siempre ha querido que se haga justicia. Cuenta que el 1 de mayo de 1974 le propuso a Matilde Urrutia, viuda de Neruda, aclarar esa muerte. Ambos fueron testigos de sus últimas horas: durmieron, comieron y convivieron en la misma habitación a partir del golpe del 11 de septiembre de 1973 y hasta la muerte del poeta, 12 días después, en la clínica Santa María de Santiago.

Pero Araya afirma que Matilde -quien murió en enero de 1985- no quiso tomar acción alguna para fincar eventuales responsabilidades. Según él, Urrutia le dijo: “Si inicio un juicio me van a quitar todos los bienes”. Araya cuenta que en otra ocasión tuvieron una discusión que marcó un quiebre final en su relación con la viuda. “Me dijo que lo que había pasado era cosa de ella y no mía, porque yo ya había terminado de laborar con Pablo, ya no era trabajador y no teníamos nada que ver”.

“Neruda quería que cuando muriera, la casa de Isla Negra quedara para los mineros del carbón (…) Pero la fundación (Pablo Neruda) se apropió de su obra y no ha concretado ninguno de sus sueños. A ellos (los directivos de la fundación) sólo les interesa el dinero”, espeta.

Afirma que hace dos años le entregó a Jaime Pinos, entonces director de la Casa Museo de Isla Negra, de la fundación, un relato sobre los últimos días del poeta. “Pero no han hecho nada con esa información, ni siquiera la han dado a conocer. No quieren que la verdad se sepa (…) Nunca me han dado la palabra en los actos que organizan ni siquiera en las conmemoraciones de su muerte”.

Araya proviene de una familia de campesinos de la hacienda La Marquesa, cerca de San Antonio. Cuando tenía 14 años fue acogido en Santiago por la dirigente comunista Julieta Campusano, quien le dio trato de ahijado.

Este vínculo le ayudó, pues Campusano llegó a ser senadora y la mujer más influyente del Partido Comunista, y gestionó que Araya recibiera una preparación especial en seguridad e inteligencia, entre otras materias. Araya escaló rápido. Fue mensajero personal de Allende antes de fungir como principal asistente de Neruda.

Araya, quien hacía de chofer, mensajero y encargado de seguridad de Neruda, acepta que el autor de Canto general tenía cáncer de próstata, pero no cree que esa enfermedad lo matara. Asegura que dicho padecimiento “estaba controlado” y que Neruda “gozaba de buena salud, con los achaques propios de una persona de 69 años”.


“Abandonados”

Araya dice que después del golpe del 11 de septiembre, Neruda, su mujer y el resto de los habitantes de la casa de Isla Negra quedaron “solos y abandonados”. El contacto con el mundo exterior se reducía a las noticias que les llegaban a través de una pequeña radio que Neruda sintonizaba, a las esporádicas conversaciones telefónicas de un aparato que sólo recibía llamadas y a lo que les contaban en la hostería Santa Elena, cuya dueña “era de derecha y sabía todo lo que pasaba”.

Cuenta que el 12 de septiembre llegó un jeep con cuatro militares. “Todos llevaban los rostros pintados de negro. Yo salí a recibirlos. (…) El oficial me preguntó quiénes estaban en la casa. Le tuve que decir que en ese momento estaban Cristina, la cocinera; la hermana de ésta, Ruth; Patricio, que era jardinero y mozo; Laurita (Reyes, hermana de Neruda); la señora Matilde, Pablito (Neruda) y yo.

“El oficial nos señaló que en el domicilio no podía quedar nadie más que Neruda, Matilde y yo. Entonces tuvimos que arreglárnoslas entre los tres: dormíamos en la recámara matrimonial que estaba en el segundo piso. Yo dormía sentado en una silla, arropado con un chal. Lo hacía para estar más cerca de Neruda, porque no sabíamos lo que nos iba a pasar.”

El 13 de septiembre, cerca de las 10 de la mañana, los militares allanaron la casa. Araya dice que eran como 40 soldados que venían en tres camiones. Iban armados con metralletas, con las caras pintadas de negro y uniforme de camuflaje. Vestidos y pertrechados “como si fueran a la guerra”.

Recuerda: “Entraban por todos lados: por la playa, por los costados (…) Salí al patio para preguntar qué querían. Hablé con el oficial que daba las órdenes. Me dijo que abriera todas las puertas. Mientras revisaban, destruían y robaban, los militares preguntaban si había armamento, si teníamos gente escondida adentro, si ocultábamos a líderes del Partido Comunista (…) Pero no encontraron nada. Se fueron callados. No pidieron ni perdón. Se sentían dueños y señores del sistema. Tenían el poder en las manos”.

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Conrado Marrero, el guajiro que desafió todas las reglas en la pelota

25 04 2011

Por Osvaldo Rojas Garay (periódico Vanguardia)
C. Marrero 100 años

Conrado Marrero llega a los 100 años, y es capaz de recordar muchas historias beisboleras, mientras disfruta de su inseparable tabaco. (Foto: Tomada de Prensa Latina)

Dicen que goza todavía de una memoria prodigiosa, que ya no puede ver la pelota por televisión porque le escasea la vista, pero que pega la oreja al radio para seguir las transmisiones de béisbol y los espacios deportivos, con su inseparable tabaco.

Así llegará este lunes 25 de abril a sus 100 años Conrado Eugenio Marrero Ramos, esta leyenda viva de la pelota mundial que tras el deceso el 8 de febrero último de Anthony Frances Malinowski, es el jugador con participación en Grandes Ligas más longevo del planeta.

Nació en la finca El Laberinto, enclavada no lejos de Sagua la Grande. De ahí que fuera apodado el Guajiro de Laberinto. Nunca olvidó su origen campesino, incluso en plena gloria le regalaron una vaca Holstein, la que envió a su terruño. Ya en el otoño de su carrera (1956) es cuando decide mudarse para La Habana.

Se inició como pelotero en la antesala y el campo corto. Un buen día al lanzador de su equipo «le entraron a palos» y él fue quien relevó. A partir de ahí empezó su trayectoria como serpentinero.

                                        Marrero

De Marrero dijo Ted Williams –uno de los mejores bateadores de todos los tiempos–: «Marrero es la excepción de la regla. No es muy frecuente para un pitcher saltar de una liga de clasificación inferior como la Liga Internacional de la Florida a las Mayores y triunfar de sopetón. Y no es frecuente tampoco esperar mucho de un lanzador que tenga solo cinco pies, siete pulgadas de estatura y pesar nada más que 158 libras. La tendencia es ignorar los lanzadores que no sean corpulentos y que no puedan tirar muy duro. Marrero desafía todas las reglas.»

A lo dicho por el Gran Teodoro, yo le añadiría que el Guajiro de Laberinto también desafió las reglas al reírse de la edad, pues llegó tarde a los diferentes niveles del deporte de las bolas y los strikes. Tenía 27 años cuando ingresó en la pelota amateur organizada con el Cienfuegos, club para el cual ganó 127 juegos y perdió 39, entre 1938 y 1945.

Con esa franela propinó tres juegos de cero hit cero carrera y con el equipo Cuba intervino en cinco Series Mundiales, en las que ganó 11 encuentros y perdió 5. Fue el primer lanzador cubano en derrotar a Estados Unidos en certámenes del orbe, esto ocurrió el 13 de agosto de 1939, en un partido que finalizó 13 a 3. Hasta la década de los 70, en que fue sobrepasado por Braudilio Vinent, era el tirador criollo más triunfador en justas del orbe.

A los 35 años llegó a la pelota profesional, en la que compiló 60 y 39 entre 1946 y 1957. Luego de tres temporadas con los Havana Cubans de la Liga Internacional de La Florida (70-25), en que lanzó otro partido de cero hit cero carrera, se produjo su arribo a las Grandes Ligas a los 39 años, una edad en que muchos deciden colgar los spikes y ahí se mantuvo hasta los 45. Vistió el uniforme de un equipo sotanero como los Senadores de Washington de la Liga Americana, y aun así archivó balance de 39 victorias y 40 derrotas.

A punto estuvo de anotarse un juego sin hit ni carrera frente a los Atléticos de Filadelfia, el 26 de abril de 1951, pero Barney McCosky con un jonrón se lo impidió.

¿Y por qué Marrero logró romper esquemas con su biotipo? Veamos algunas ideas del otrora estelar lanzador en una entrevista que le hicieron en la revista Bohemia, en 1986, cuando arribó a los 75 años.

«La noche antes de la actuación y durante el desafío que pitcheaba toda mi concentración estaba dirigida a los bateadores rivales y no había alguien capaz de distraerme. Sin movimientos certeros y sin control no hay pitchers. Control no es tirar strike, sino poner la pelota donde uno quiere y en el lugar que más daño le causa al bateador. […] El estudio del bateador, sus defectos y virtudes, su carácter, su sicología, la forma de pararse en home tienen que ser conocidos al dedillo por el pitcher. […] Mentalmente yo podía retratar a cada bateador e imaginármelo. Eso es una tremenda ventaja.»

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