Como un rascacielos

11 08 2017

 

La página primera de una de las ediciones de Vanguardia.

 

El periódico Vanguardia, de Villa Clara, la provincia más central de Cuba, está inmerso en su 55 cumpleaños. Y cada uno de nosotros, los que aquí trabajamos, nos sentimos también celebrando nuestro onomástico. Pero no solo disfrutando de las numerosas actividades que al efecto se han organizado, sino pensando mucho en el camino recorrido, en lo que queda por hacer para mejorar nuestro semanario, que antes del período especial que nos impusieron, fue diario. Claro, ahora, tenemos nuestra edición digital, que antes no existía. Para evocar este acontecimiento, he aquí una crónica de nuestra compañera Mercedes Rodríguez, que hace un recorrido por los diferentes momentos de nuestra publicación. Y ahora seguimos celebrando para refrescar las neuronas, para acercarnos cada  vez más a la perfección que todos perseguimos y a la que nunca se llega.

Por Mercedes Rodríguez (periódico Vanguardia)

Desde su nacimiento, el 9 de agosto de 1962, Vanguardia celebra los cumpleaños de acuerdo con las circunstancias, recursos materiales y voluntad de sus directivos y dirigentes —que los ha tenido entusiastas y apáticos—, pero sobre todo en dependencia de la «redondez» de los aniversarios. De modo que el de este miércoles debería transcurrir «por todo lo alto», que no quiere decir exactamente a la altura de dos pisos que levanta el edificio en Céspedes No. 5 e/ Plácido y Maceo.

Vanguardia nació cuando yo tenía 10 años, pero lo conocí a los 23. Me enamoré de él a primera vista. Los dos estábamos en plena lozanía. Él, noctámbulo y ruidoso a más no poder, me atrapó todo el tiempo — ¡tanto ya!— que en un antológico poema debí reconocer cómo «en cada cuartilla he dejado un poco de ser madre». Ello, después que le di la espalda como secretaria y junto con él me fui haciendo periodista, que lo soy más de práctica y trastazos, que de tesis y academia, conseguidas a más corto término.

Desde entonces a la fecha, cuánta historia registrada en la memoria de quienes aún estamos con la mente ágil y, de espaldas al calendario, llevamos con dignidad y orgullo frunces, presbicia, alopecia, canicies, cardiopatías, distensiones y adiposidades. Y cero nostalgias, cero evocaciones con ánimo de asentar que cualquier tiempo pasado fue mejor, que 20 años no son nada… /«Que febril la mirada/ errante en las sombras/ te busca y te nombra…/»

Sí, porque las melancolías y las morriñas en lugar de entonar los ánimos, quiebran el espíritu y constriñen la alegría. Otra cosa sería la necesidad de no olvidar ni desaparecer de un plumazo lo que fue, lo que fueron e hicieron los predecesores, nuestros muertos lejanos, o los que partieron hace apenas unos años, de pronto, sin muchas señales previas. Entonces ¡sí!, como dice el tango gardeliano «Con el alma aferrada /a un dulce recuerdo…/». Pero hasta ahí, que como canta Tony, el trovador cubano, «los que no son iguales son los tiempos».

 

El colectivo actual de Vanguardia celebra el cumpleaños 55 de su publicación.

Claro, en 55 años Vanguardia ha modificado el rostro en varias ocasiones y hasta una vez, con el «naranja», perdió su identidad. Largo sería un recorrido a los orígenes, un camino de ida y vuelta por el laberinto de las palabras a través de su existencia. Descarto pues el viaje a la semilla y me afianzo en los frutos, que ahora crecen de diferentes colores, olores y sabores a cuando lo conocí de cerca y me enamoré para siempre del papel y la tinta, que ahora es también web e internet, donde se le ve bien, y dinámico. Lee el resto de esta entrada »

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Los buenos mueren jóvenes

26 04 2017

Tomado de Orbe, Prensa Latina
Por Damián Estrada
(europa@prensa-latina.cu)
Recordar a Nino Bravo, figura de la música hispanoamericana, inevitablemente nos permite preguntarnos a qué nivel hubiese llegado su meteórica carrera, frustrada abruptamente a la tierna edad de 28 años. Justamente en estos días se conmemoraron 44 años de su desaparición física, el 16 de abril de 1973, cuando un terrible accidente automovilístico puso fin a su vida y con esto, a una trayectoria artística en plena curva ascendente. El tenor —natural de Ayelo de Malferit (Valencia)— era entonces una de las principales alternativas de la cultura latina ante los intérpretes y bandas anglosajonas que copaban las emisoras radiales de la época. La potencia y caudal de aquel valenciano eran tan evidentes cuando entonaba temas como Noelia, Libre o Cartas amarillas que pocos se resistían a quedar rendidos ante aquel peculiar vocalista, experto en transmitir ilusiones, desamores y padecimientos de toda una generación gris y sumida en la represión del régimen franquista. En tan solo cuatro años de actividad musical profesional, Nino (nacido Luis Manuel Ferri Llopis) tuvo una eclosión creativa extremadamente prolífica, y llegó a grabar hasta 60 canciones entre 1969 y el trágico 1973. A los ya citados éxitos se suman tonadas antológicas como América, Mi casa, Un beso y una flor, y Te quiero, su primer hit, el cual le abrió las puertas a un fugaz estrellato que jamás empañó su talante de hombre de familia y de alma solidaria. Lee el resto de esta entrada »





En el caballo se unen todas las culturas del continente americano

16 03 2017

¿Cuántas personas se habrán interesado en este aspecto de nuestra cultura americana? Hasta donde conozco, han sido pocas. Aquí les traigo un interesante trabajo publicado en la edición digital de la revista Sputnik que quiero compartir con todos.

Pot Rafael Rey (Sputniknews)

 

“Ellos respetan el hecho de que no voy cinco minutos, de que a veces me quedo meses con ellos, entonces ya soy más que un visitante, soy alguien que realmente está interesado en la vida de ellos, y eso genera más profundidad y respeto en el diálogo, en la apertura, y espero que eso se muestre en las fotos”.

 

América fue un continente que se hizo a caballo, por lo cual todas las culturas del territorio convergen en este animal y en los distintos tipos de gauchos y vaqueros que los montan desde Canadá hasta Chile, dijo a Sputnik el fotógrafo uruguayo Luis Fabini, autor de la muestra “Vaqueros de América”, que inaugura en Montevideo.

“El caballo es el gran link, el gran entretejido, es el puerto donde recala toda una cultura, ya no de un país, sino de todo un continente”, explicó.

La muestra resume en fotografías un trabajo de diez años en el que Fabini retrató a vaqueros de ocho países del continente.

Allí están el gaucho uruguayo, el huaso chileno, el chagra ecuatoriano, el pantaneiro de Brasil y los cowboys de EEUU y Canadá, entre otros.

 

Fabini estuvo diez años recorriendo ocho países y diez regiones de América para retratar a los vaqueros del continente. FOTO: LUIS FABINI

 

Aunque de costumbres, idiomas y geografías diferentes, estos vaqueros están unidos por el animal que montan y las tareas que realizan, ya sea en las heladas praderas canadienses, como en el tórrido nordeste brasileño.

“Estoy seguro de que pongo a un gaucho y a un cowboy juntos y a pesar de que hablan diferentes idiomas se pueden llegar a entender, porque comparten el mismo caballo y la misma montura que vino en la misma época desde España; este continente, América, fue hecho a caballo”, indicó.
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Roland con el Premio Provincial de Periodismo Por la obra de la vida

2 03 2017

 

Buen motivo para coger un mareíto.

Buen motivo para un mareíto con Roland.

Rolando González Reyes, Roland, de la publicación humorística Melaíto, de Vanguardia, aquí en el centro de Cuba, acaba de hacerse merecedor del Premio Por la obra de la vida, muy merecido, por cierto, porque la obra de Roland abarca casi toda su vida. Así que sus compañeros y cuantos le conocemos estamos celebrándolo también, y cogeremos nuestro mareíto junto a él. Pero eso será después del acto por el Día de la Prensa Cubana donde se le hará entrega del Premio.

 

 





Las redundancias

23 02 2017

 

Los logros alcanzados en nuestra CPA son notorios, pues hemos roturado 300 caballerías de tierra, lo cual constituye un nuevo récord que nos obliga a extremar al máximo las medidas para seguir dando cumplimiento a nuevas proyecciones futuras. (Cuántos diaparates en un párrafo)

Los logros alcanzados en nuestra CPA son notorios, pues hemos roturado 300 caballerías de tierra, lo cual constituye un nuevo récord que nos obliga a extremar al máximo las medidas para seguir dando cumplimiento a nuevas proyecciones futuras. Además, vamos a inaugurar varias casas de campesinos que hemos reparado. (Cuántas redundancias en un párrafo)

¿A qué llamamos redundancia?

Pues consiste en un fenómeno bastante frecuente el cual  radica en agregar a un sustantivo un calificativo innecesario por estar implícito o porque no puede ser de otra manera.

Entre los más frecuentes tenemos:

—Logros, éxitos o resultados alcanzados u obtenidos. Cada uno de los tres sustantivos expresa por sí solo una idea; por lo tanto no es correcto decir: “los logros alcanzados por el colectivo”, ni “los éxitos obtenidos por la empresa”, ni los resultados alcanzados por la provincia”.

Basta solo con decir: “los logros del colectivo”, “los éxitos de la empresa”, o “los resultados de la provincia”, pues todas las formas señaladas anteriormente constituyen redundancias.

 

—Caballerías o hectáreas de tierra. Tanto una como la otra son unidades de medida que solo sirven para medir tierra, excepto cuando se refieren a lo que está sembrado, como por ejemplo, caballerías de caña.

Es decir, que si expresamos que se roturaron 40 caballerías o que se desmontaron mil hectáreas, no hay que decir que son de tierra, pues ¿de qué otra cosa podrían ser?

—Nuevo récord. Si es un récord es porque no se había logrado antes, y por lo tanto siempre será nuevo.

—Construir o inaugurar nuevas casas. Por supuesto que no se inauguran casas viejas. Tal vez lo que se quiera expresar es que se inauguraron otras casas o más casas, además de las que se habían inaugurado anteriormente.

—Provincias del país. Si estamos hablando de Cuba y nos referimos a todas las provincias o a varias provincias o a un número determinado de provincias, no hay que decir que son del país, pues ¿de qué otro lugar pueden ser? Lo mismo ocurre con países del mundo, pues no hay países en otro lugar.

—Extremar al máximo. Si decimos que hay que extremar algo, significa llevarlo al máximo. Por lo tanto es una redundancia decir que debemos extremar al máximo las medidas de seguridad. Basta con decir: “se deben extremar las medidas de seguridad”.

—Proyecciones futuras. Todas las proyecciones son futuras. Por lo tanto será suficiente expresar por ejemplo: “fueron analizadas las proyecciones de la empresa”.

—Compromisos trazados. Si son compromisos es porque fueron establecidos o trazados.

Puede haber otras redundancias de las que debemos cuidarnos cuando escribimos, pues siempre que un sustantivo sea suficiente para expresar un significado, sin necesidad de agregar otra idea que está implícita, no debemos agregarla, pues cometemos una redundancia.

Fuente: http://www.cubaperiodistas.cu/





En el Día del amor: Nos vamos a comer fuera

13 02 2017

 

¿A dónde llevar la mesa?

¿A dónde llevar la mesa?

De nuevo mi vecino y amigo Gelasio Triana se inspira, esta vez, en el Día del amor. Ahora quiere regalar a su amada una invitación a comer fuera, y ya que anda escaso de monedas, no tendrá más remedio que llevarla a comer para el patio o la terraza.

 

NOS VAMOS A COMER FUERA

1

Como estoy enamorado
lo tengo que celebrar,
pero tengo que inventar
porque ese día no he cobrado.
Eso está relacionado
al tema de la chequera,
y no encuentro la manera
de complacer a mi amada
y ella no quiere más nada
que salir a comer fuera.

2

No siempre uno necesita
estar comiendo en la calle
ese es un día de detalle
quizás una postalita,
tal vez una miradita
o un poema en ese día
donde no haya hipocresía,
pero tienes que cuidarte
y no vayas a tirarte
para el «Santa Rosalía».

3

El Día de San Valentín
debía ser después del veinte
que es cuando cobra la gente
para formar el festín.
Cualquiera cree que soy ruin,
pero yo tengo mi lema,
y analizando este tema
un catorce de febrero
te sorprende sin dinero
y te buscas un problema.

4

Pero quiero complacer
a mi mujer ese día
y lo perfecto sería
salir de casa a comer.
Yo la voy a convencer
que lo de salir de casa
no es que vayas a la Plaza
ni al Quijote ni a la Islita,
es salir con la mesita
y comer en la terraza.

Gelasio Triana Gandarilla
Santa Clara





La generación postnaylito

8 02 2017

Reproduzco este trabajo que considero una jocosa manera de Vladia Rubio para llevar a los más jóvenes los avatares de sus padres en una época compleja que constituyó algo así como la sal y pimienta del período especial. Ello me hace recordar el día en que en aquellas circunstancias a alguien se le ocurrió homenajear a mi colectivo nada menos que con una “mesa sueca”, suequísima y que en principio tenían oculta bajo un mantel. Cuando dieron “el pitazo de arrancada” nos lanzamos con ganas. Desgraciadamente para mí, me estrenaba un poncho con flecos, muy elegante, traído “de afuera”, pero que me impidió la destreza requerida para la ocasión, y me quedé fuera. Una compañera que hablaba con la zeta pedía una y otra vez: “¡Con mezura, con mezura, compañeros!”. Y uno de nuestros humoristas respondía: “¡Comesura, comesura, camaradas!”. Ese día los nailitos proliferaron y fueron más importantes que el carnet de identidad. Me quedé con la manía de los nailitos, y claro, el beneficiado es mi nené de 27 años.

 

Por Vladia Rubio

 Algunos preferimos lavarlas para seguirles dando uso


Algunos preferimos lavarlas para seguirles dando uso.

Sobre todo los cubanos nacidos en los 60, se dividen en cabeza, tronco, extremidades y jabita, algo que no comprenden bien sus hijos y nietos. Para ellos estas explicaciones.
Mi joven colega no sabe del grupo Los 5 u 4 y se asombra, y hasta horroriza, al ver naylitos puestos a secar en una tendedera.

Mejor no contar sobre sus expresiones cuando alguien decide guardar en la consabida jabita plástica las sobras del comedor para el perrito.

Diversas son las etiquetas que, por una especie de consenso internacional, acostumbra endilgársele a cada generación. Pero con independencia de que se le asocie con el boom de natalidad, así como a otros calificativos, al menos en Cuba, los nacidos en los 60 conforman la generación del naylito. Y a mucha honra.

Fuimos los que estrenamos las becas y la escuela al campo, los que abrillantábamos los zapatos llamados «kikos» plásticos con clara de huevo, y hacíamos colas de horas para ver Tiburón sangriento y La vida sigue igual.

Las muchachas de aquella época se emocionaban cuando les regalaban un perfume Imágenes, y más si alguien les traía «de afuera» —así se decía— un codiciado par de zapatos de charol. Los muchachos obligaban su barba a crecer afeitándose la cara lampiña con cuchillitas Sputnik. Lee el resto de esta entrada »