Conrado Marrero, el guajiro que desafió todas las reglas en la pelota

25 04 2011

Por Osvaldo Rojas Garay (periódico Vanguardia)
C. Marrero 100 años

Conrado Marrero llega a los 100 años, y es capaz de recordar muchas historias beisboleras, mientras disfruta de su inseparable tabaco. (Foto: Tomada de Prensa Latina)

Dicen que goza todavía de una memoria prodigiosa, que ya no puede ver la pelota por televisión porque le escasea la vista, pero que pega la oreja al radio para seguir las transmisiones de béisbol y los espacios deportivos, con su inseparable tabaco.

Así llegará este lunes 25 de abril a sus 100 años Conrado Eugenio Marrero Ramos, esta leyenda viva de la pelota mundial que tras el deceso el 8 de febrero último de Anthony Frances Malinowski, es el jugador con participación en Grandes Ligas más longevo del planeta.

Nació en la finca El Laberinto, enclavada no lejos de Sagua la Grande. De ahí que fuera apodado el Guajiro de Laberinto. Nunca olvidó su origen campesino, incluso en plena gloria le regalaron una vaca Holstein, la que envió a su terruño. Ya en el otoño de su carrera (1956) es cuando decide mudarse para La Habana.

Se inició como pelotero en la antesala y el campo corto. Un buen día al lanzador de su equipo «le entraron a palos» y él fue quien relevó. A partir de ahí empezó su trayectoria como serpentinero.

                                        Marrero

De Marrero dijo Ted Williams –uno de los mejores bateadores de todos los tiempos–: «Marrero es la excepción de la regla. No es muy frecuente para un pitcher saltar de una liga de clasificación inferior como la Liga Internacional de la Florida a las Mayores y triunfar de sopetón. Y no es frecuente tampoco esperar mucho de un lanzador que tenga solo cinco pies, siete pulgadas de estatura y pesar nada más que 158 libras. La tendencia es ignorar los lanzadores que no sean corpulentos y que no puedan tirar muy duro. Marrero desafía todas las reglas.»

A lo dicho por el Gran Teodoro, yo le añadiría que el Guajiro de Laberinto también desafió las reglas al reírse de la edad, pues llegó tarde a los diferentes niveles del deporte de las bolas y los strikes. Tenía 27 años cuando ingresó en la pelota amateur organizada con el Cienfuegos, club para el cual ganó 127 juegos y perdió 39, entre 1938 y 1945.

Con esa franela propinó tres juegos de cero hit cero carrera y con el equipo Cuba intervino en cinco Series Mundiales, en las que ganó 11 encuentros y perdió 5. Fue el primer lanzador cubano en derrotar a Estados Unidos en certámenes del orbe, esto ocurrió el 13 de agosto de 1939, en un partido que finalizó 13 a 3. Hasta la década de los 70, en que fue sobrepasado por Braudilio Vinent, era el tirador criollo más triunfador en justas del orbe.

A los 35 años llegó a la pelota profesional, en la que compiló 60 y 39 entre 1946 y 1957. Luego de tres temporadas con los Havana Cubans de la Liga Internacional de La Florida (70-25), en que lanzó otro partido de cero hit cero carrera, se produjo su arribo a las Grandes Ligas a los 39 años, una edad en que muchos deciden colgar los spikes y ahí se mantuvo hasta los 45. Vistió el uniforme de un equipo sotanero como los Senadores de Washington de la Liga Americana, y aun así archivó balance de 39 victorias y 40 derrotas.

A punto estuvo de anotarse un juego sin hit ni carrera frente a los Atléticos de Filadelfia, el 26 de abril de 1951, pero Barney McCosky con un jonrón se lo impidió.

¿Y por qué Marrero logró romper esquemas con su biotipo? Veamos algunas ideas del otrora estelar lanzador en una entrevista que le hicieron en la revista Bohemia, en 1986, cuando arribó a los 75 años.

«La noche antes de la actuación y durante el desafío que pitcheaba toda mi concentración estaba dirigida a los bateadores rivales y no había alguien capaz de distraerme. Sin movimientos certeros y sin control no hay pitchers. Control no es tirar strike, sino poner la pelota donde uno quiere y en el lugar que más daño le causa al bateador. […] El estudio del bateador, sus defectos y virtudes, su carácter, su sicología, la forma de pararse en home tienen que ser conocidos al dedillo por el pitcher. […] Mentalmente yo podía retratar a cada bateador e imaginármelo. Eso es una tremenda ventaja.»

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