El deber de evitar una guerra en Corea

5 04 2013

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presidente c. del n.

Hace unos días me referí a los grandes desafíos que hoy enfrenta la humanidad. La vida inteligente surgió en nuestro planeta hace alrededor de 200 mil años, salvo nuevos hallazgos que demuestren otra cosa.

No confundir la existencia de la vida inteligente con la existencia de la vida que, desde sus formas elementales en nuestro sistema solar, surgió hace millones de años.

Existe un número prácticamente infinito de formas de vida. En el trabajo sofisticado de los más eminentes científicos del mundo se concibió ya la idea de reproducir los sonidos que siguieron al Big Bang, la gran explosión que tuvo lugar hace más de 13.700 millones de años.

Sería esta introducción demasiado extensa si no fuese para explicar la gravedad de un hecho tan increíble y absurdo como es la situación creada en la península de Corea, en un área geográfica donde se agrupan casi 5 mil de los 7 mil millones de personas que en este momento habitan el planeta.

Se trata de uno de los más graves riesgos de guerra nuclear después de la Crisis de Octubre en 1962 en torno a Cuba, hace 50 años.

En el año 1950 se desató allí una guerra que costó millones de vidas. Hacía apenas 5 años que dos bombas atómicas habían estallado sobre las ciudades indefensas de Hiroshima y Nagasaki, las que en cuestión de minutos mataron e irradiaron a cientos de miles de personas.

En la península coreana el General Douglas MacArthur quiso emplear las armas atómicas contra la República Popular Democrática de Corea. Ni siquiera Harry Truman se lo permitió.

Según se afirma, la República Popular China perdió un millón de valientes soldados para impedir que un ejército enemigo se instalara en la frontera de ese país con su Patria. La URSS, por su parte, suministró armas, apoyo aéreo, ayuda tecnológica y económica.

Tuve el honor de conocer a Kim Il Sung, una figura histórica, notablemente valiente y revolucionaria.

Si allí estalla una guerra, los pueblos de ambas partes de la Península serán terriblemente sacrificados, sin beneficio para ninguno de ellos. La República Popular Democrática de Corea siempre fue amistosa con Cuba, como Cuba lo ha sido siempre y lo seguirá siendo con ella.

Ahora que ha demostrado sus avances técnicos y científicos, le recordamos sus deberes con los países que han sido sus grandes amigos, y no sería justo olvidar que tal guerra afectaría de modo especial a más del 70 % de la población del planeta.

Si allí estallara un conflicto de esa índole, el Gobierno de Barack Obama en su segundo mandato quedaría sepultado por un diluvio de imágenes que lo presentarían como el más siniestro personaje de la historia de Estados Unidos. El deber de evitarlo es también suyo y del pueblo de Estados Unidos.
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Fidel Castro Ruz
Abril 4 de 2013
11 y 12 p.m.

Fuente: http://www.cubadebate.cu

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¿Por qué la Cumbre de la Guayabera?

11 04 2012

La guayabera cubana.

 La mal llamada Cumbre de las Américas —a la que está vedada la asistencia de Cuba por los mandamás,  que ya no lo son tanto en la región— está siendo bautizada como “Cumbre de la Guayabera”, en alusión a la reciente Reflexión del compañero Fidel,  Las ilusiones de Stephen Harper,  en la que se refería a la guayabera —símbolo de la independencia de Cuba— que usaría el mandatario norteamericano, confeccionada para  la ocasión, y que tiene su origen en una región cubana de la provincia de Sancti Spíritus. Recomiendo, pues, la lectura de este trabajo que aborda el origen de esta prenda de vestir tan  cubana.

ORIGEN DE LA GUAYABERA O YAYABERA

Publicado por Juan Batey. GTA el julio 24, 2010 a las 8:30pm
   
Estoy seguro de que casi todos sabemos cuál es el origen de la guayabera o yayabera , pero por si alguno no lo recuerda y algún joven no lo sabe, quiero subir este post aclarándolo.

Esta cubanísima prenda de vestir ha degenerado en su diseño en los últimos años, ya se fabrica sin mangas, en estilo femenino y en forma de vestido, con bordados y diferentes puños y cuellos. También es usada en otras versiones en otros países tales como: Panamá, México (Yucatán), Filipinas y otros muchos de América Latina.
En realidad la original es la cubana (patriotismo aparte).

He aquí la historia:

¿Por qué se le puso GUAYABERA a esa prenda de vestir?
Recopilación de datos Por Harold –Popy- Ortiz Ríos
La guayabera, esta fresca y elegante camisa, principalmente típica durante los calurosos meses del verano tan original y propio de Cuba, ha adquirido una publicidad especial en los últimos años. Ciudadanos de otras naciones, no solamente en la América Latina, sino en otros lugares también, han reclamado a esta vestidura como original de esos países. Sin embargo, Cuba puede demostrar cuan equivocados todos están, pues este sencilla camisa se originó en la Perla de las Antillas.
La historia enseña que estas camisas se originaron en Sancti Spíritus, Cuba, ciudad fundada por don Diego Velázquez en 1514, siendo esta la sexta villa establecida en esa preciosa isla.
Corría el año 1709 cuando llegaron a dicha ciudad, procedentes de Granada, la bella e histórica ciudad andaluza, don José Pérez Rodríguez y su esposa Encarnación Núñez García. José era de oficio alfarero y generalmente lo llamaban Joselillo. Al poco tiempo de haber llegado a Sancti Spíritus, ya se había construido una nave en las márgenes del río Yayabo, el cual cruza la parte sur de la ciudad de oeste a este. Después de estar trabajando un corto tiempo en su alfarería, o tejar como también comúnmente se le llama, recibieron varias piezas de tejidos que sus familiares les enviaron desde España.
Fue inmensa la alegría que ambos experimentaron cuando les fue entregado el paquete de tela, porque Encarnación, como la mayoría de las mujeres en esos tiempos, era costurera. Tiempo más tarde, Joselillo dirigiéndose a Encarnación, en su típico «andalucismo” le dice: « Encarnación, estoy pensando que sería muy ‘gúeno’ que me hicieras camisas largas con bolsillos grandes a los lados, ‘asiná’ como gabán, para poder llevar la fuma y otras cosillas al «talle”.
No fue fácil, pero después de varias pruebas Encarnación pudo coser una prenda de vestir que fue del agrado de su querido esposo. Joselillo, con mucho orgullo por ser una pieza original de su esposa, comenzó a usarla y al poco tiempo los guajiros —como llaman en Cuba a los campesinos— de la comarca, viendo la comodidad y la economía que resultaba de esta prenda de vestir, también comenzaron a usarla.
En las ciudades, los poblanos lanzaron contra esta nueva vestidura todos los improperios que se les ocurrían; a lo menos decían que era mejor no vestirse; que parecían mamarrachos los que la usaban. Ni las clases bajas de los pueblos eran capaces de salir a la calle con esta vestidura. Pero como la historia nos ha enseñado de que tarde o temprano el progreso seguirá avanzando, unos años más tarde los poblanos más humildes se atrevieron a usar la susodicha prenda y despacio, pero a seguros pasos, fue extensamente adoptada posteriormente por gente de la clase media, si bien con ciertos temores de ser criticada.
A los nativos de Sancti Spíritus actualmente se les conoce como espirituanos o espirituanas, pero en aquellos tiempos también se les conocía como «yayaberos” o «yayaberas”, nombre que provenía del antes mencionado río Yayabo, y por este motivo a esta vestidura se le indentificaba como «yayabera”. Además, alrededor de Sancti Spíritus —mi pueblo— abundaban plantas de diversas variedades de esa deliciosa fruta que es la guayaba. Como estas camisas siempre han tenido al frente dos bolsillos bastante grandes, los guajiros acostumbraban llevar guayabas en estos bolsillos y de esta costumbre nació el nombre de «guayabera”, sustituyendo el de «yayabera”, como le llamaban a las mujeres del pueblo. Así nació la siguiente cuarteta trovadoresca local:
Y la llaman guayabera por su nombre tan sencillo

por llenarse los bolsillos con guayabas cotorreras. Lee el resto de esta entrada »





Fidel y la primera visita a Cuba de un Papa

22 03 2012

A PROPÓSITO DE LA INMINENTE VISITA DEL PAPA BENEDICTO XVI A CUBA.  

                                                                      
Por Ana Ivis Galán (AIN)
Del 21 al 25 de enero de 1998 ocurrieron en Cuba hechos de incuestionable relevancia histórica. No era necesario ser católico para asistir, como espectador de privilegio, a uno de los acontecimientos más esperados por los cubanos: la llegada del Papa Juan Pablo II.

Miles de periodistas, camarógrafos y reporteros nacionales y extranjeros transmitieron el suceso para diversos medios de prensa y cadenas de televisión nacional e internacionales.

Las imágenes del Papa y del presidente Fidel Castro recorrieron el mundo, como reflejo de la capacidad que acompañó a ambos para dejar a un lado las lógicas diferencias y estrecharse las manos por segunda vez.

Por aquellos días, cercanos al deseado encuentro, prácticamente no se hablaba de otro tema. Y no solo por el hecho mismo de la visita del Sumo Pontífice, sino, además, porque, al igual que hoy, ocurrían hechos que atraían la curiosidad.

En esa ocasión, en la histórica Plaza de la Revolución la imagen de un Cristo monumental se levantó junto a las figuras del Che y José Martí; hoy la construcción de un gigantesco altar allí es motivo de asombro para unos y de orgullo para muchos.

Aquella fue una visita magistralmente organizada, que tuvo como antesala la convocatoria de Fidel, sin distingos de religiones ni credos: “Debemos darle un gran recibimiento al Papa con la participación de todo el pueblo, católicos y no católicos, creyentes y no creyentes”, dijo entonces.

El viaje internacional número 81 de Juan Pablo II tenía que ser “el mejor”, pidió el líder de la Revolución. Y para garantizar que así fuera, se ofrecieron todas las condiciones que aseguraron una bienvenida masiva y cordial.

Juan Pablo II (Karol Wojtyla) arribó el 21 de enero, en medio de una gran expectativa, al aeropuerto internacional José Martí, sobre cuya fachada se levantó un enorme cartel con la imagen del Pontífice.

Fidel Castro, el Consejo de Estado, el cuerpo diplomático y la Conferencia Episcopal, encabezada por el cardenal Jaime Ortega, le dieron la primera salutación.

El entonces presidente cubano abandonó su tradicional uniforme militar y por vez primera recibió a un Jefe de Estado extranjero vestido con un traje civil de color azul oscuro.

Tras un fuerte apretón de manos, el Papa besó un puñado de tierra de toda la Isla, colocada en una pequeña caja y sostenida por un grupo de niños.

Iniciaba así un viaje de cinco días que incluyó cuatro misas —Santa Clara, Camagüey, Santiago de Cuba y La Habana—, una reunión privada con el Presidente cubano y encuentros con intelectuales, enfermos y religiosos.

Al segundo día de estancia en la nación caribeña, se produjo el esperado reencuentro. El primer diálogo ameno y franco, al decir de Fidel, había ocurrido antes en el Vaticano. El 22 de marzo se produjo una segunda plática, cuando el Papa realizó una visita de cortesía al Palacio de la Revolución.

Luego del cordial recibimiento de Fidel, los honores de la guardia presidencial y la presentación de dignatarios de Cuba y el Vaticano, ambos Jefes de Estado sostuvieron una conversación privada.

Para aquella visita, y como era de esperar, el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros hizo gala de cordialidad y convocó a toda la población a asistir a las misas del Papa.

En la tarde del día 23, Juan Pablo II se reunió con unos 300 intelectuales y personalidades del mundo de la cultura, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, donde se conservan los restos del sacerdote y patriota cubano Félix Varela, figura a la que rindió honores a través de sus oraciones.

Al venerable acto asistió Fidel, quien lo acompañó durante todo el recorrido de ingreso y salida de la excelsa institución.

Para el cuarto día de visita, Santiago de Cuba recibía la esperada misa del Papa y el acto de coronación de la Virgen de la Caridad del Cobre, y en horas de la tarde se trasladó hasta el Santuario de El Rincón, en la entonces provincia de La Habana.

El 25 de enero, quinto y último día en Cuba, el Papa se dedicó a la misa final, celebrada en la tradicional Plaza de la Revolución, y allí también estaba Fidel en primera fila, escuchando atentamente.

Banderas de la Isla y de El Vaticano, globos amarillos y un coro de 1 000 voces, respaldado por la Orquesta Sinfónica Nacional, animaron la ceremonia.

Como un mensajero de la verdad y la esperanza, se declaró el Papa antes de la partida, momento en el que agradeció a Fidel la gran hospitalidad de que fue objeto.

No quiso marcharse sin antes denunciar como “injustas y éticamente inaceptables” las medidas económicas contra Cuba “impuestas desde fuera del país”. Expresaba así su desacuerdo con el bloqueo estadounidense a la Isla.

Por su parte, Fidel explicó los esfuerzos de la Isla para sobrevivir a ese cerco, que calificó de “crimen monstruoso”.

Y como gesto de reconocimiento al poder de la palabra del Santo Padre, añadió: “Si la globalización de la solidaridad que usted proclama se extiende por la tierra y se reparte entre todos los seres humanos del planeta, podría crearse un mundo para ellos sin hambre ni pobreza.”

Su frase final encerró toda la gratitud, a nombre del pueblo y gobierno cubanos, por el honor de esta visita: “Santidad, le doy las gracias.”

Fuente: http://benedictocuba.cubaminrex.cu/es/articulos/fidel-y-la-primera-visita-cuba-de-un-papa





¡Increíble, pero cierto!

25 01 2012

Recibimiento de Reina Luisa Tamayo a su llegada a Miami con las cenizas de su hijo.

¡Increíble, pero cierto! Y muy a propósito.
Resulta que justo hoy, cuando se publican las Reflexiones de Fidel (La fruta que no cayó: Cubadebate ) en las que se refiere a la escalada de mentiras de la desgastada Europa y de Occidente en general para desprestigiar a Cuba —en particular la alharaca de esos medios en torno al fallecimiento del recluso común cubano Wilmar Villar—, en el blog La pupila insomne aparece un interesante trabajo que da cuenta de los avatares en Miami de la madre de Orlando Zapata Tamayo. ¿Lo recuerdan?
Sí, aquel delincuente común convertido en preso político, cuyo fallecimiento fue objeto de tanta manipulación política, al punto de que ciertos gobernantes, que no se molestaron en averiguar la verdad, hicieron advertencias y recriminaciones públicas  al Gobierno cubano.
El caso es que Reina Luisa Tamayo, que así se llama la mamá del fallecido Zapata, se muestra ahora desencantada; ya no interesa a quienes llenaron titulares con la muerte de su hijo, ya no les sirve para sus fines políticos, ya no cumple función alguna. Ahora tiene que arreglárselas como pueda.

¡Pobre señora que permitió ser usada para tales trajines en contra de su Patria!
Les remito a  La pupila insomne:

http://lapupilainsomne.wordpress.com/2012/01/24/nos-traicionaron-dice-reina-luisa-tamayo-que-ya-no-llena-titulares-en-la-prensa-de-miami/





Aquellos meses en Birán: la profecía del río Colorado

20 12 2011

Cincuenta años han pasado de aquel hecho histórico en Cuba: la Campaña de Alfabetización, a partir de la cual tanto el país como quienes participaron en ella fueron otros.

Acerca de ello trata esta entrevista realizada por mi joven colega Leslie Díaz Monserrat a dos alfabetizadoras que tuvieron el privilegio de hacerlo en Birán, la zona en que nacieron y crecieron Fidel y Raúl Castro, perteneciente al oriente cubano. Allí estrecharon relaciones con la familia de ambos líderes, especialmente con la madre, Lina Ruz.

Elsa María Hernández Santos continuó con su amor por el teatro, como instructora de arte.

Dicen que quien se bañe en las aguas del río Colorado, ubicado en la zona de Birán —perteneciente ahora a la provincia de Holguín—, se queda para siempre ahí. Quizás esto haya signado las vidas de Elsa María Hernández Santos y Carmen Hernández Santos, dos hermanas que dijeron sí al llamado de Fidel para alfabetizar a toda Cuba.  También, por azar, les tocó llevar el conocimiento justamente al lugar donde  nació el líder de la Revolución Cubana y su hermano, Raúl Castro Ruz. Cincuenta años después hurgan en su memoria y regresan en el tiempo a aquel 31 de mayo de 1961, cuando llegaron a Birán.

Memorias de una alfabetizadora
A Elsa, con 23 años, le tocó ser la jefa de las briga­distas en el lugar, y liderar a aquellas muchachas que habían venido junto a ella desde Rancho Veloz.

«Fui ubicada en la casa de María, una prima de Fidel que aún vive, y por la cual siento un cariño muy especial. Sin embargo, enseguida simpaticé con Dominga, la abuela de esos jóvenes que cambiaron la historia de Cuba en 1959.»

De izquierda a derecha, Elsa María, María, la prima de Fidel y Raúl, y Dominga, en su última foto antes de morir.

—¿Cómo recuerda a Do­minga?
—Todavía me parece verla de pie, con sus piernas vendadas y peinada con un moño en la nuca. Desde el primer momento, entre las dos se estableció una relación muy especial. Ella había vivido en un lugar al que le dicen El Cedro, cerca del central donde habito, el «Quintín Banderas», en el municipio de Corralillo, conocido en aquel tiempo como el ingenio Ramona. Había venido en carreta desde Pinar del Río —hazaña que me pareció increíble—, y me hacía muchas veces los cuentos del viaje que la llevó hasta el oriente del país, el cual, según ella, duró nada más y nada menos que diez años.
«Era muy pícara, un poco resabiosa también. Recuerdo que sus blusas y la sábana de la cama estaban llenas de estampas de santos, que fijaba con alfileres. Quería mucho a sus nietos. Enseguida se encantó conmigo y quiso que fuera a vivir con ella.»
Las historias de Dominga y Elsa son interminables. Ambas se hicieron amigas, confidentes, familia. Mucho regañó la señora a la brigadista por padecer de mal de amores, y no entendía eso de andar enseñando en vez de estar casada. Hasta le dijo un día a Raúl:  «¿Tú ves lo flaca que está?, es porque tenía un novio que la abandonó y ahora la hace sufrir», cuenta aquella joven alfabetizadora que hoy peina canas.
—Entonces, ¿conoció a Raúl Castro?
—Era domingo y estaba ensayando con un grupo de teatro que tenían los brigadistas. Cuando llegué a casa de Dominga, me encontré a Lucre (Lucrecia Pulido Carreras, otra de las villareñas ubicada en Birán) riéndose con los cuentos de Raúl, quien la interrogaba sobre las historias del guajiro que ella alfa­betizaba. Estaban todos muy divertidos, y ella le dijo: “Raúl, esta es la brigadista que vive aquí con tu abuela”.
«Al principio estaba muy nerviosa, porque me resultaba increíble conversar con él en un círculo tan familiar. Le conté  sobre el trabajo que hacíamos en la Campaña de Alfabetización y del grupo de teatro que habíamos formado con brigadistas y campesinos de la zona. Queríamos recaudar fondos con las presentaciones para comprar un televisor para la escuela. Y fue Raúl quien nos lo mandó de regalo a los dos días de su visita.»
—¿Qué  significó para usted alfabetizar en Birán?
—Sin duda, viví una experiencia maravillosa. Pasamos mucho trabajo, pues la mayoría de los alumnos tenían problemas en la vista, pero todos aprendieron.
—Hábleme de sus alumnos, ¿a cuál de ellos le dio más trabajo enseñar?
—A Dominga y a Alejandro Ruz. Ella se negaba porque ya había dicho que no iba a aprender, y  tenía palabra; aunque lograba reconocer el nombre de sus nietos en el periódico.
«Alejandro era hermano de Lina, la madre de Fidel y Raúl, pero a veces se ausentaba de clases. Una vez quiso irse a trabajar fuera de Birán. Se enteró de que iban a hacer unas cooperativas cerca de Holguín, y de repente desapareció. Cuando llegó a aquel lugar, demostró su pericia en el manejo de tractores. Todo bien hasta que llegó a la oficina donde le harían el contrato. En aquel tiempo, muchas personas no sabían si Ruz se escribía con s o con z y quien le estaba llenando los papeles le preguntó. “Igual que lo escribe Fidel, porque soy su tío”, contestó Alejandro, e inmediatamente fue a parar a prisión por hacerse pasar por tío del Comandante en Jefe. Hasta allá tuvo que ir Lina a buscarlo, y desde aquel momento solo quiso llamarse Alejandro González.»
Sin embargo, cada alumno dejó en Elsa una huella peculiar. Todas las emociones, las evocaciones y las experiencias las perpetuó en su libro Birán: memorias de una alfabe­tizadora. Un texto que motivó la realización de esta entrevista. Tal vez porque muchas de esas historias convierten a ese lugar en un sitio ca­si fantástico, por la peculiaridad de la gente que allí vivían y por la hazaña de aquellos jóvenes que, de tanto enseñar, han hecho historia. Lee el resto de esta entrada »





Mi ausencia en el CC

19 04 2011

(CubaDebate)
Reflexiones Fidel

Conocía el informe del compañero Raúl al Sexto Congreso del Partido.

Me lo había mostrado varios días antes por su propia iniciativa, como hizo con muchos otros asuntos sin que yo lo solicitara, porque había delegado, como ya expliqué, todos mis cargos en el Partido y el Estado en la Proclama del 31 de julio de 2006.

Hacerlo era un deber que no vacilé un instante en cumplir.

Sabía que mi estado de salud era grave pero estaba tranquilo, la Revolución seguiría adelante; no era su momento más difícil después que la URSS y el Campo Socialista habían desaparecido. Bush estaba en el trono desde el 2001 y tenía designado un gobierno para Cuba pero una vez más, mercenarios y burgueses se quedaron con las maletas y baúles en su dorado exilio.

Los yankis, además de Cuba, tenían ahora otra Revolución en Venezuela. La estrecha cooperación entre ambos países pasará también a la historia de América como ejemplo del enorme potencial revolucionario de los pueblos con un mismo origen y una misma historia.

Entre los muchos puntos abordados en el proyecto de Informe al Sexto Congreso del Partido, uno de los que más me interesó fue el que se relaciona con el poder. Textualmente expresa: “…hemos arribado a la conclusión de que resulta recomendable limitar, a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años, el desempeño de los cargos políticos y estatales fundamentales. Ello es posible y necesario en las actuales circunstancias, bien distintas a las de las primeras décadas de la Revolución, aún no consolidada y por demás sometida a constantes amenazas y agresiones.”

Me agradó la idea. Era un tema sobre el que yo había meditado mucho. Acostumbrado desde los primeros años de la Revolución a leer todos los días los despachos de las agencias de noticias, conocía el desarrollo de los acontecimientos en nuestro mundo, aciertos y errores de los Partidos y los hombres. Abundan los ejemplos en los últimos 50 años.

No los citaré, para no extenderme ni herir susceptibilidades. Albergo la convicción de que el destino del mundo podía ser en este momento muy distinto sin los errores cometidos por líderes revolucionarios que brillaron por su talento y sus méritos. Tampoco me hago la ilusión de que en el futuro la tarea será más fácil, sino al revés.

Digo simplemente lo que a mi juicio considero un deber elemental de los revolucionarios cubanos. Mientras más pequeño sea un país y más difíciles las circunstancias, más obligado está a evitar errores.

Debo confesar que no me preocupé realmente nunca por el tiempo que estaría ejerciendo el papel de Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros y Primer Secretario del Partido. Era además, desde que desembarcamos, Comandante en Jefe de la pequeña tropa que tanto creció más tarde. Desde la Sierra Maestra había renunciado a ejercer la presidencia provisional del país después de la victoria que desde temprano avizoré para nuestras fuerzas, bastante modestas todavía en 1957; lo hice porque ya las ambiciones con relación a ese cargo estaban obstruyendo la lucha.

Fui casi obligado a ocupar el cargo de Primer Ministro en lo meses iniciales de 1959.

Raúl conocía que yo no aceptaría en la actualidad cargo alguno en el Partido; él había sido siempre quien me calificaba de Primer Secretario y Comandante en Jefe, funciones que como se conoce delegué en la Proclama señalada cuando enfermé gravemente. Nunca intenté ni podía físicamente ejercerlas, aún cuando había recuperado considerablemente la capacidad de analizar y escribir.

Sin embargo, él nunca dejó de transmitirme las ideas que proyectaba.

Surge otro problema: la Comisión Organizadora estaba discutiendo el número total de miembros del Comité Central que debían proponer al Congreso. Con muy buen criterio, ésta apoyaba la idea sostenida por Raúl de que en el seno del Comité Central se incrementara la presencia del sector femenino y el de los descendientes de esclavos procedentes de África. Ambos eran los más pobres y explotados por el capitalismo en nuestro país.

A su vez, había algunos compañeros que, ya por sus años o su salud, no podrían prestar muchos servicios al Partido, pero Raúl pensaba que sería muy duro para ellos excluirlos de la lista de candidatos. No vacilé en sugerirle que no se excluyera a esos compañeros de tal honor, y añadí que lo más importante era que yo no apareciera en esa lista.

Pienso que he recibido demasiados honores. Nunca pensé vivir tantos años; el enemigo hizo todo lo posible por impedirlo, incalculable número de veces intentó eliminarme, y yo muchas veces “colaboré” con ellos.

A tal ritmo avanzó el Congreso que no tuve tiempo de transmitir una palabra sobre el asunto antes de que recibieran las boletas.

Alrededor del mediodía Raúl me envió con su ayudante una boleta, y pude ejercer así mi derecho al voto como delegado al Congreso, honor que los militantes del Partido en Santiago de Cuba me otorgaron sin que yo supiera una palabra. No lo hice mecánicamente. Leí las biografías de los nuevos miembros propuestos. Son personas excelentes, varias de las cuales había conocido en el lanzamiento de un libro sobre nuestra guerra revolucionaria en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, en los contactos con los Comités de Defensa de la Revolución, las reuniones con los científicos, con los intelectuales y en otras actividades. Voté y hasta pedí fotos del momento en que ejercía ese derecho.

Recordé también que me falta bastante todavía de la historia sobre la Batalla de Girón. Trabajo en ella y estoy comprometido a entregarla pronto; tengo en mente además escribir sobre otro importante acontecimiento que vino después.

¡Todo antes de que el mundo se acabe!

¿Qué les parece?

Firma Fidel

                                         Fidel Castro Ruz
Abril 18 de 2011
4 y 55 p.m.





Fidel y Raúl clausuran VI Congreso del Partido Comunista de Cuba

19 04 2011

 (CubaDebate)

Fidel y Raúl
Fidel y Raúl en el Congreso. Foto: Ismael Francisco

Con un emocionado aplauso, los delegados al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba recibieron al líder de la Revolución Fidel Castro, acompañado de su hermano Raúl, segundo secretario de la organización y Presidente del país.

Cubavisión internacional transmitió en vivo el acto, desde el Palacio de las Convenciones en La Habana.

En una Reflexión que publicó anoche en Cubadebate, Fidel explicó por qué su nombre no estaría entre los integrantes del nuevo Comité Central elegido por el Congreso, que concluye hoy después de cuatro de trabajo. “Raúl conocía que yo no aceptaría en la actualidad cargo alguno en el Partido”, afirma.

Hoy tuvo lugar la primera reunión del pleno del Comité Central, por cuyos integrantes se votó ayer, y esa estructura elegió su Buró Político y el Secretariado que fueron dados a conocer en la sesión de clausura del Congreso.
Con un cerrado aplauso los delegados al Sexto Congreso recibieron a Fidel Castro
Foto de Fidel
                           Con un cerrado aplauso los delegados al Sexto Congreso recibieron a Fidel Castro.