Silvio Rodríguez rinde tributo a Facundo Cabral

11 07 2011

(Cubadebate)

F. Cabral

Silvio

Silvio Rodríguez publicó en su blog Segunda Cita la canción del también argentino Alberto Cortez Está la puerta abierta, incluida en el disco de Cortez y Cabral “Lo Cortez no quita lo Cabral”, y alteró la última estrofa.


“Facundo Cabral, Todas las cosas bellas, comenzaron cantando, no olvides que tu madre, cantando te acunó”, escribió el cubano.

La muerte de Cabral desató una ola de rechazo en Latinoamérica, donde gobiernos y artistas recordaron al trovador pacifista de 76 años, célebre por temas como “No soy de aquí ni soy de allá”. (Con información de Reuters)

Esta la puerta abierta

Está la puerta abierta,
la vida está esperando
con su eterno presente,
con lluvia o bajo el sol.

Está la puerta abierta,
juntemos nuestros sueños
para vencer al miedo
que nos empobreció.

La vida es encontrarnos,
para eso nacemos,
porque el punto más alto
es llegar al amor.

Y no hay amor de uno,
sólo hay amor de todos,
y por ese motivo
estamos hoy aquí.

Está la puerta abierta,
la vida está esperando
con su eterno presente,
con lluvia o bajo el sol.

Está la puerta abierta,
juntemos nuestros sueños
para vencer al miedo
que nos empobreció.

Iremos de uno en uno,
después de pueblo en pueblo
hasta rodear al mundo
con la misma canción.

Todas las cosas bellas
comenzaron cantando,
no olvides que tu madre
cantando te acunó.

Facundo Cabral
Todas las cosas bellas
comenzaron cantando,
no olvides que tu madre
cantando te acunó.





La resolución de la ONU legitima un acto de barbarie contra Libia, afirma Silvio Rodríguez en República Dominicana

19 03 2011

(CubaDebate)

Silvio Rodríguez durante su intervención anoche en un encuetro en el Centro León, del Cibao, donde habló sobre una variedad de tópicos.

Silvio Rodríguez

                                                          Foto: Listín Diario

El cantautor cubano Silvio Rodríguez criticó hoy al Consejo de Seguridad de la ONU por aprobar la intervención militar contra Libia y lo consideró una “barbarie”.

Silvio, que el sábado próximo ofrecerá un concierto en la ciudad dominicana de Santiago (norte), dijo durante un encuentro con periodistas, “que está muy fuerte que se usen las instituciones en las que los seres humanos creen para cometer actos de barbarie y vejaciones a la dignidad de los países y los pueblos“.

A su juicio, hay que respetar las tradiciones culturales de los pueblos y de sus lugares.

El Consejo de Seguridad de la ONU dio hoy luz verde al uso de la fuerza para proteger a la población civil libia de los ataques de las fuerzas de Muamar el Gadafi.

La resolución adoptada autoriza a los Estados miembros y a organizaciones regionales como la OTAN a tomar “todas las medidas necesarias” —lo que incluiría ataques aéreos— para “proteger a los civiles y las áreas pobladas por civiles y que están bajo ataque en Libia, incluida Bengasi”, el bastión de los rebeldes en la mira de las tropas de Gadafi.

Silvio Rodríguez explicó que los países de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), que promueve Venezuela, defienden la soberanía de los pueblos y que Cuba siempre estará al lado de los países libres, aseguró la agencia EFE.

EN EL CENTRO LEÓN

Según Listín Diario, Silvio llegó con la bandera de Cuba adherida a la solapa izquierda de su chaqueta, al Centro León, de Santiago, donde habló sobre educación, política, literatura, las amenazas de barbarie que perduran en el mundo, poesía y sobre todo de la Revolución Cubana.

“Para ser patriótico, hay que ser romántico”, aseguró Silvio a Camila Olivo, la niña de Kanquimanía que se atrevió a romper la timidez en el salón.

El artista, que protagoniza un concierto benéfico mañana en la Gran Arena del Cibao, dijo que la educación no es cara, aunque hay que crear infraestructuras. Recordó que en Cuba lo primero que hicieron fue alfabetizar, pues al triunfar la Revolución Cubana, Fidel Castro les pidió a los jóvenes dedicar un año para enseñar en el campo. “Hay una frase de él que me marcó. Nosotros no le decimos al pueblo cree, nosotros le decimos lee”, rememoró.

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El fiasco del experimento

1 03 2011

Por Deisy Francis Mexidor

                                               Moisés Rodríguez

(Tomado de cubasi)

Moisés Rodríguez Quesada le sabe a la historia de los grupúsculos contrarrevolucionarios en Cuba. Vivió entre ellos. Por eso cuando le piden despojarse del velo de la memoria alude a un año: 1980.

Fue en esa época que conoció a Elizardo Sánchez Santa Cruz Pacheco, El Camaján. «Ahí iniciamos una relación» que también se extendió a «otros vinculados con él, en el propósito de crear un movimiento de “derechos humanos en el país», en correspondencia con el añejo interés del gobierno de Estados Unidos de acabar con todo aquello que huela a Revolución en la Isla.

La punta de lanza era esa, pero «ya después Washington ordena que no solamente se crearan esos grupos sino también de artistas, de profesionales de diferentes ramas…, en fin, los de corte político», rememora Moisés, quien fuera primer vicepresidente del llamado Comité Cubano Pro-derechos Humanos surgido por aquel entonces.

«Estuvimos un tiempo tratando de acordar cómo haríamos y además escuchando las órdenes de los amos: me refiero a la Sección de Intereses de Estados Unidos, que ya funcionaba aquí en La Habana como centro de diseño y dirección de la contrarrevolución», asegura este hombre de hablar sereno.

El contexto era propicio. Los acontecimientos en Europa en las décadas de 1980 y 1990 fueron caldo de cultivo para esos grupúsculos tras colapsar el campo socialista. «Se intenta fabricar un cierto paralelismo en Cuba», expresa.

Fue «un período en el que los funcionarios venían de Europa del Este para “la gran ofensiva”», como si se tratara de la estocada mortal contra el socialismo cubano.

«Yo participaba en reuniones con los norteamericanos y con la cúpula de la “disidencia”, en las que se pronosticaba que esto se iba a pique, que faltaban días para el derrumbe de la Revolución, y hasta festejaban por adelantado», recuerda Moisés, ya en ese instante Vladimir para los Órganos de la  Seguridad del Estado, y a quien le habían confiado la misión de penetrar el mundillo de los que dicen pertenecer a una oposición política, pero que en realidad —según confiesa este trabajador aduanero—, en la mayoría de los casos, cuando tienen «el primer chance, lo que hacen es irse del país, o en el tiempo de espera hacerse de dinero».

Incluso, dice, «mi casa sirvió para varias reuniones». Uno de esos encuentros fue una denominada «cumbre paralela» a la Iberoamericana que transcurría en La Habana. Se trató de aprovechar la presencia de los presidentes «para regalar una imagen de que teníamos una oposición organizada».

De acuerdo con el criterio de Moisés, la SINA ha sido “el laboratorio” donde se formuló «“químicamente” lo concerniente a ese movimiento de supuestos defensores de “derechos humanos”. Ellos fueron los padrinos de cada proyecto del experimento, como la llamada Concertación Democrática Cubana, la Coalición Democrática Cubana, el Concilio Cubano, La Patria es de todos, Todos Unidos…, siempre con un fin: tratar de unir a la contrarrevolución».

Sin embargo, «cada grupo tenía una característica diferente», narra Moisés al especificar que «lo mismo podían ser de dos personas, que de tres, cuatro o diez», y a tenor con eso «nos daban una orientación, órdenes para cumplir».

En su opinión, con el paso del tiempo y los pocos resultados que obtuvieron «se habrán dado cuenta que planificaron algo que al final les salió mal».

De turno en la oficina
Cuando piensa en esas cosas, Moisés dice que para él la Sección de Intereses de EE.UU. en La Habana es además, como «un lugar tenebroso».

Desde el año 1988 hasta el 2005, tuvo relación con todos los jefes y funcionarios que pasaron por la Oficina. «Ha habido diferentes administraciones en Washington que han levantado un poco más o menos la parada con relación a la agresividad contra la Revolución Cubana y, por supuesto, quien estuviera de turno recibía las orientaciones, y a partir de ahí trabajaba con nosotros».

Recuerda que «en 1992 vino a La Habana Vicky Huddleston como enviada del Departamento de Estado para “conversar” con la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional en busca de apoyo a la recién firmada Ley Torricelli».

«La reunión se hizo —-explica —- en la oficina del jefe de la SINA y participamos los cuatro miembros que presidíamos la estructura de la comisión. El objetivo que traía ella era lograr que nosotros nos pronunciáramos a favor del bloqueo; querían que se justificara esa guerra económica de Estados Unidos contra nuestro país, especialmente ante la opinión pública internacional».

En esa coyuntura fue que Moisés conoció a Vicki Huddleston, «posteriormente jefa de la SINA. Aquello fue un adelanto de lo que sería su mandato. Bastante fuerte, por cierto».

A partir de ahí tuvo también «la oportunidad» de relacionarse con Robin Diane Mayer, segunda Secretaria Político Económica de 1994 a 1996; Timothy Zúñiga Brown, primer Secretario Político Económico entre 1997 y 1999 y Victor Vockerodt, con igual cargo que Diane en la etapa 1999-2002, y Steven Rice, vicecónsul de 1995 a 1999.

«Por ejemplo, el período de Mayer coincidió con el surgimiento del Concilio Cubano, que para mí fue el momento en el que en la Casa Blanca se empeñó más, porque presumía que ya era el fin de la Revolución. Y pensaron crear una cabeza de playa con un líder o con un liderazgo en los grupúsculos de “derechos humanos”, en el plano interno».

Eso fue alrededor del año 1995. Para entonces la SINA «logra crear artificialmente y con mucho esfuerzo, algo así como una unión de distintas organizaciones. Ellos decían que numéricamente eran como 300, pero físicamente no llegaban a 150».

Pero había que hacer un informe, mandar un papel; no importaba que las estadísticas estuviesen alteradas con congregaciones fantasmas. La matemática no podía fallar: «mientras enviáramos más reportes de agrupaciones, más nos pagaban, más dinero mandaban». Sustento financiero que «estuvo directamente ligado a los grupos de la mafia de Miami, utilizados por el gobierno norteamericano para canalizar las grandes sumas de dinero».

Al pasar cuenta sobre algunos de aquellos funcionarios de la SINA a los que accedió, Moisés señala que la diplomática «Robin Diane Mayer, quien venía de Europa del Este, era toda una especialista». «Estoy seguro —-añade—- que su gobierno apostó por ella en ese objetivo de acabar con la Revolución».

Sin embargo, la Mayer, que había llegado con los vientos que soplaban por el derrumbe del socialismo europeo, «se tuvo que ir sin cumplir su encomienda».

Le sucedió Zúñiga Brown. Vino «con un “buen” expediente» y presuntamente listo para «realzar una oposición cuando buena parte de sus integrantes se habían ido»; incluso, debía «tratar de aguantar la estampida que se produjo por medio del Programa de Refugiados, que ellos mismos inventaron para estimular el trabajo de la contrarrevolución en Cuba».

Brown, pese a que tampoco pudo hacer mucho, mantuvo una gran actividad con los grupúsculos durante su estancia de dos años en La Habana. «El nivel de relaciones que tuvimos fue amplio. Ya al final de su estadía aquí como primer Secretario Político Económico de la SINA es que él me propicia que vaya a Estados Unidos», con la coartada de que «yo iba a Costa Rica a un curso en el Instituto Interamericano de Derechos Humanos, el cual tenía vínculos con la Comisión Cubana de Derechos Humanos».

El propio diplomático —o mejor dicho, la SINA— le costeó el viaje a Moisés en 1999, pero, ¡qué curioso!, no fue a San José, porque lo mantuvieron todo el tiempo en Estados Unidos, de acuerdo con la agenda de trabajo previamente concebida.

Eso le permitió reencontrarse «con varios contrarrevolucionarios cubanos que habían emigrado hacia aquel país como Ricardo Bofill, Adolfo Rivero Caro, y otros que conformaban la palestra de grupúsculos en Miami. Y un detalle: si los grupúsculos de La Habana están divididos, los de Miami también lo están; incluso, desde allá mandaban a los de Cuba a seguir cada uno por su lado», explica Moisés.

«Sucede que tanto dentro como fuera de la Isla, la causa principal de la fractura de esos grupúsculos es la ambición de protagonismo y dinero.  Precisamente, fue uno de los motivos de la pelea entre Elizardo y Bofill. Se fajaron por unos dólares y destruyeron la primera Comisión de Derechos Humanos.»

Rememora que durante ese viaje a EE.UU. también logró establecer relaciones con la organización Freedom House, a la que pertenecía el agente de la CIA Frank Calzón (actualmente director ejecutivo del Centro para una Cuba Libre), que había aprobado entonces un presupuesto de 49 000 dólares destinados a la supuesta ayuda a presos y sus familiares, así como para sufragar los gastos de la denominada Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional.

También Moisés se reencuentra con Robin Diane Mayer —quien para ese momento ocupaba un puesto importante dentro del gobierno estadounidense— y además, conoce a Victor Vockerodt, luego nombrado en la SINA, para tratar «de armar la ya desmoralizada y diezmada contrarrevolución».

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Pruebas de que EE.UU. financia la «disidencia»: Dos agentes cubanos en sus filas

28 02 2011

Las razones de Cuba

(Tomado de CubaDebate)

El capítulo «Los peones del Imperio» de la serie Razones de Cuba, transmitido este sábado por la Televisión Cuba, devela los estrechos vínculos de la contrarrevolución interna con el gobierno de EEUU.

Los dos agentes cubanos

Moisés Rodríguez y Carlos Serpa

Carlos Serpa y Moisés Rodríguez, dos agentes cubanos infiltrados en las filas de la llamada «disidencia» cubana, reconocen en el documental que muchas de estas personas son capaces de vender su alma al diablo, y son animados desde los Estados Unidos.

Moisés Rodríguez, un trabajador de la Aduana del aeropuerto internacional José Martí, estableció vínculos en la prisión con el contrarrevolucionario Elizardo Sánchez y a partir de ahí, tuvo la oportunidad de recibir instrucciones para actividades conspirativas incluso de los funcionarios de la Oficina de Intereses de Washington en La Habana.

El agente Vladimir para la Seguridad cubana fue hasta enviado por dicha Oficina a Miami donde tuvo entrevistas con connotados terroristas, entre ellos Luis Posada Carriles y conoció de los planes para tratar de consolidar en Cuba un movimiento desestabilizador.

Para ello, se utilizarían como punta de lanza contra Cuba, las denominadas Damas de Blanco, financiadas directamente desde Estados Unidos por medio de una fundación dirigida por otro terrorista, Santiago Alvárez, subordinado a Posada Carriles.

Los nombres de Marta Beatriz y Laura Pollán, dirigentes de ese grupo, surgieron en las grabaciones de las conversaciones telefónicas con Estados Unidos y en las imágenes de distribución de las cantidades de dinero que continuamente se enviaban para pagar a las Damas de Blanco.

Carlos Serpa, hizo la prueba para la filmación del documental de la transmisión

Carlos Manuel Serpa

Carlos Manuel Serpa logró acceder a los más altos jefes de la SINA, entre ellos, Michael Parmly. (Foto: Tomada de Juventud Rebelde)

de una inexistente detención que le hacía la policía cubana y la inmediata reproducción por Radio Martí de tal noticia falsa, que jamás fue constratada.

Otro caso similar era el de Laura Pollán hablando con los medios de difusión estadounidenses sobre la represión que sufría en ese momento de parte de la Seguridad cubana mientras las cámaras revelaban que ni un solo agente se encontraba en toda el área donde se concentraban las Damas de Blanco.

Para mí Cuba es lo primero y lo seguirá siendo, dijo Serpa, recordando los momentos difíciles desde el punto de vista familiar pues mientras realizaba la tarea encomendada, su pequeña hija escribía al frente de la casa un mensaje pidiendo libertad para los cinco antiterroristas cubanos presos en Estados Unidos.

La contrarrevolucionaria Martha Beatriz entregaba dólares a 18 Damas de Blanco para mantenerla activas, afirma uno de los agentes, que aseguraron que estos grupos forman parte de la estrategia de subversión de EEUU contra Cuba.

Carlos Serpa declaró que la SINA es el estado mayor de la contrarrevolución en Cuba, y que el periodismo independiente en Cuba tiene tutores norteamericanos. Añadió que «la contrarrevolución interna lo llamó para inventar supuestos actos de provocación».