Aristide agradece el trabajo de médicos cubanos en Haití

19 03 2011

(CubaDebate)

cólera-HaitíEl expresidente haitiano Jean Bertrand Aristide agradeció hoy la labor de los médicos cubanos, a su llegada a Puerto Príncipe tras siete años de exilio en Suráfrica.

En conferencia de prensa ofrecida desde la terminal aérea, el exdignatario se refirió en español al trabajo de la Brigada Médica Cubana en Haití.

“Quiero agradecer a los hermanos cubanos, especialmente a los médicos que están en la lucha contra el cólera”, afirmó.

Recalcó, además, que quien sabe cuantas personas hubieran muerto sin su ayuda y sentenció: “ojalá su luz llegue a otros”.

La Brigada Médica cubana labora en Haití desde hace 12 años, pero incrementó su presencia a raíz del brote de cólera el pasado mes de octubre.

Según balances oficiales, esos galenos han atendido a alrededor del 40 por ciento de los enfermos con ese mal, que ha cobrado más de cuatro mil 672 vidas.

Actualmente, los cubanos trabajan en 156 centros sanitarios en todo el territorio nacional, 67 de ellos como parte de un programa conjunto con Venezuela.

Hasta principios de este mes, los especialistas salvaron 70 mil 890 haitianos enfermos de cólera, con un índice de letalidad inferior al uno por ciento.

(Con información de Prensa Latina)





41 años de la muerte física del Che

8 10 2008

Ya se cumplen 41 años de la muerte física del Che en Bolivia. Y su figura se multiplica cada año Foto del Chepor un número infinito que lo ha hecho pasar a la eternidad como el ejemplo del hombre que no puede ser superado.

 Pero no voy a detenerme en ello. Solo quiero comentar la noticia que corrió por el mundo a punto de cumplirse el 40 aniversario de este hecho: Mario Terán, el hombre a quien se encargó disparar contra el Che, había sido intervenido quirúrgicamente de cataratas por médicos cubanos que colaboran con la nación andina, en un hospital donado por esta Isla caribeña.

 El periódico Granma daba cuenta del acontecimiento con el título Che vuelve a ganar otro combate. El hijo de Terán, expresaba el articulista, había acudido al periódico santacruceño El Deber con la solicitud de que se le publicara una nota de agradecimiento a los galenos cubanos, que habían devuelto la visión a su padre.

Entonces me preguntaba si el asesino del Che podría entender que estaba recibiendo los frutos que este sembró, si a esas alturas podría medir la dimensión exacta del hombre a quien disparó. Si así fuera, bien amarga debió ser su existencia a partir de su disparo fatal.

Cuentan que en la escuelita de La Higuera aún se conserva la silla en la que estaría sentado el Guerrillero Heroico cuando este sargento boliviano entró a matarlo. No pudo hacerlo en el primer intento; la mirada de aquel hombre herido y atado fue demasiado para él. El sargento Terán halló mucho brillo en los ojos del Che, lo vio grande, como si se abalanzara sobre él.  En tanto, otros dos sargentos disparaban entonces contra los guerrilleros Willy (boliviano) y El Chino (peruano).

 Mario Terán necesitó de más bebida y promesas para cumplir la orden.  Aún así sus manos temblaron. Sus jefes tuvieron que conminarlo a que lo hiciera. Luego, estos lo remataron.

 Lo que aconteció después ha sido suficientemente divulgado. (Oslaida Monteagudo)