DÍA DEL ÁFRICA: Alerta roja, regresa el ébola

25 05 2017

 

Por Antonio Paneque Brizuela, africa@prensa-latina.cu
Países del centro y sur de África como Sudán
del Sur, Gabón, República del Congo,
Chad, Nigeria y República Centroafricana,
activan de nuevo sus alarmas ante el inesperado
retorno de uno de los peores enemigos
de la región: el ébola, ahora a través de
la vecina República Democrática del Congo
(RDC), estado en que debutó la enfermedad
en 1976.
Después de Kinshasa, el Gobierno de Sudán
del Sur encabezó a los demás Gobiernos
africanos en activar la alerta roja, ante
el anuncio congoleño y la confirmación de
la Organización Mundial de la Salud (OMS)
sobre los tres primeros muertos allí de la
llamada Enfermedad del Virus del Ébola,
luego de los 11 000 del último brote regional
del virus entre 2014 y 2015 en África
Occidental. Lee el resto de esta entrada »

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Médicos cubanos contra el Ébola: Los que salvan y crean vidas

17 03 2015

médicos

 

Por Enrique Ubieta Gómez / Enviado Especial en Liberia

Sentido homenaje en Monrovia a los médicos y enfermeros cubanos que combatieron el Ébola.
La Brigada médica cubana Henry Reeve que enfrentaba el Ébola en Liberia ha concluido su trabajo. El Gobierno del país, y los representantes de la ONU y de la OMS en Monrovia, le rindieron homenaje este 16 de marzo, en el teatro del Palm Spring Resort.

Hace 18 días que no se registran casos, un dato promisorio, aunque no definitivo. El protocolo de la Organización Mundial de la Salud establece un período de espera de 42 días, antes de que pueda declararse vencida la enfermedad. He repasado las imágenes del horror que algunas cadenas de televisión difundieron hace apenas seis meses, trastocando la noticia en macabro espectáculo. Por entonces, Médicos sin Fronteras afirmaba que la respuesta internacional contra el Ébola era “irresponsable”, “lenta e insuficiente”. Lee el resto de esta entrada »





Testimonio de una doctora en Liberia: Mi amigo al otro lado de la valla

6 10 2014

 

Patrick Poopel, de seis años, con el documento que certifica que ha superado el ébola. Foto: Morgana Wingard.

Patrick Poopel, de seis años, con el documento que certifica que ha superado el ébola. Foto: Morgana Wingard.

No puedo —sencillamente ¡NO PUEDO!— dejar de compartir esta historia de altruismo y sensibilidad, como tampoco puedo dejar de pensar qué haría yo si fuera médico ante la tragedia de Patrick, el protagonista de esta maravillosa crónica, escrita por una psicóloga noruega que estuvo en Monrovia, Liberia, como integrante de “Médicos sin Fronteras”. Sin embargo, cuántos Patrick estarán aquejados de lo mismo o habrán perdido a mamá o papá, al abuelo, al hermano…

Por Ane Bjøru Fjeldsæter*
Liberia está dividida por una doble valla naranja. La construimos para mantener la enfermedad a raya. La levantamos para separarnos a nosotros (los sanos, los privilegiados) de ellos (los enfermos, los necesitados). La construimos para sentirnos menos mortales.

Patrick está dentro. Yo estoy fuera.

Le veo todos los días; nos sonreímos y saludamos. Patrick no es más que un niño pero se pasa el día con hombres cinco veces mayores que él, casi como si tratara de compensar el hecho de que es demasiado joven para morir. Cuando tienen suficiente energía juegan a las damas y al póker, y escuchan BBC África en la radio que les traje un día con mi disfraz invasor espacial. Patrick tiene una sonrisa tímida y torcida y un moratón junto a su ojo derecho. Acaba de perder a su madre pero su padre está ahí con él, en este horrible lugar.

Todos los días me digo a mi misma: Ane, no le dejes que Patrick te robe el corazón, este niño no pertenece al mundo de los vivos. Estará aquí una semana y, después, se irá para siempre. ¿Cómo vas a hacer tu trabajo una vez que Patrick se haya ido? ¿No recuerdas con lo que estás enfrentando aquí? “Este asunto del Ébola”, como dicen en la radio. Una tasa de mortalidad potencial de hasta el 90%. La gente al otro lado de la valla no regresa a este lado. Sabes que es peligroso acercarse.

Me lo repito todos los días y nunca me escucho. Es imposible no buscar su sonrisa ladeada cada vez que llego a trabajar por la mañana. Es imposible no darme cuenta de los pequeños cambios en sus niveles de energía de un día a otro. No puedo resistir saludarle, escrutar su rostro y su expediente médico intentando desesperadamente encontrar cualquier detalle que me dé esperanzas de que está mejorando. Alguna señal que me permita albergar esperanzas de que algún día podremos jugar al póker un día, sin las dificultades que supone llevar mascarilla, gafas protectoras y doble guante. Lee el resto de esta entrada »