El Duende en La Habana

16 11 2013

lh

Por El Duende

Acabo de arribar a la capital cubana en misión especial periodística como es mi costumbre hacerlo de vez en cuando para mejor informarme del acontecer cubano y para que allá en el Miami revuelto y brutal plagado de mentiras no me hagan cuentos sobre una realidad cambiante y compleja , que solo conocen y entienden aquellos que viven en la isla o quienes como yo la visitan con frecuencia.

De entrada les diré que aquí en La Habana el tema de los llamados “Disidentes” no se habla por ninguna parte. De que el “Coco” Fariñas y la señora Berta Soler estuvieron en una actividad política del Partido Demócrata al cual asistió el Presidente Obama en la casa de Jorge Mas Santos para recaudar dinero con fines electorales a favor del Partido Demócrata es algo que a nadie le “paró bola”, como dicen los venezolanos. A la inmensa mayoría de los cubanos les importa un bledo lo que hagan esos “Disidentes” porque cada quien está en lo suyo tratando de darle soluciones a sus problemas y poco les puede importar que esa gente los resuelva a su manera, cogiéndole una “tierrita” a los americanos aunque por supuesto esta no sea la manera más digna y patriótica de buscarse la vida sin trabajar.

De lo que sí se habla mucho es del cierre decretado por el gobierno a las tiendas de ropas privadas y de los cine particulares con pantallas de tercera dimensión. Hasta el periódico Granma se ha hecho eco del tema publicando diversas opiniones al respecto muchas de las cuales son de duras críticas a tales medidas, algo que en mi opinión es saludable, porque así se abre a debate y discusión algo que afecta de alguna manera la vida cotidiana de los cubanos de la isla.

Y como el asunto está a discusión —y aunque yo vivo en el exterior y por eso no dejo de ser cubano— quiero también dar mi opinión. Y a aquí va.

En cuanto a las tiendas de ventas de ropa es cierto que se ha violado la ley. Porque si las licencias habían sido solicitadas para confeccionar ropa que fabricarían obreras costureras, no equivalía esa autorización al derecho de montar una tienda para vender mercancías importadas del extranjero y en muchos casos, sin pagar el correspondiente derecho de importación a la Aduana del país.

Pero todo mal tiene alguna explicación. La primera es que las tiendas del Estado están por lo regular desabastecidas. En segundo término, la ropa que venden es cara, es fea, pasada de moda y comprada en el exterior por funcionarios que de modas saben lo que pueda yo saber de ciencia cuántica.

Hay que darle solución al problema. Y esa no puede ser otra que establecer licencias para operar pequeñas tiendas “Boutiques” en locales comerciales —no en casas de viviendas— cuyo dueños paguen impuestos al entrar la mercancía por la Aduana y también abonen impuestos por las ganancias obtenidas en sus operaciones comerciales como marca la ley a todos los cuentapropistas. Eso sería lo adecuado y normal y se daría así respuesta a un problema que nada ayuda al proceso de reordenación del país en estos momentos de cambios. La pequeña iniciativa privada no está reñida con el verdadero socialismo.

El otro detalle candente de discusión en las calles cubanas es el de la prohibición de salas de cine privadas con pantallas de tercera dimensión aquí vuelve a terciar El Duende. Con ánimo constructivo y para ofrecer ideas que pueden ser soluciones.

Es verdad que el cine es un instrumento cultural. Y así lo estableció la Revolución cuando en 1959 se creó a iniciativa de Alfredo Guevara el “Instituto de Cine, Arte e Industria Cinematográfica”, el ICAIC con la misión de realizar cine cubano de calidad y distribuir en las salas cinematográficas del país las películas extranjeras que tuvieran cierto estándar de calidad y no constituyeran un atentado a la cultura y las buenas tradiciones de la familia cubana.

Pero una cosa es cierta. El cine cubano ya no es el de antes de cuando el arte era su meta y no la chabacanería ramplona que linda en la vulgar pornografía donde en cada película el lenguaje es de arrabal y el acto sexual abunda más que las abejas en un panal.

Por otra parte las salas de cine de la isla en su inmensa mayoría están cerradas o en muy mal estado. Con la excepción de una docena de cines en La Habana- donde había cerca de 150- hoy apenas funcionan unos pocos que sirven de marco para el tradicional “Festival del Nuevo Cine Latinoamericano” que se celebrará a principios de este mes de diciembre en homenaje a su fundador, recientemente fallecido, mi entrañable amigo Alfredo Guevara Valdés.

¿Que hacer ante esta situación? En mi opinión lo que hay que darle facultades al ICAIC para que otorgue nuevas licencias para operar salas de cine privadas con pantallas 3D habilitadas en locales comerciales- no en casas de viviendas particulares- teniendo además el ICAIC en conjunto con el Ministerio de Cultura la supervisión, a través de una Comisión Revisora de Películas creada al efecto, que aprobaría el material de exhibición, de manera que no se violen las reglas de las buenas costumbres que deben imperar en una sociedad que busca la superación cultural del pueblo cubano.

Dice un refrán que no hoy pregunta sin respuesta ni un problema sin solución. Todo con inteligencia y buena voluntad se puede lograr. Digo yo. Y lo digo desde La Habana sin temor ni favor.

Y hasta pronto amigos de El Duende que con mi gallo me voy cantando a mi tumba fría. Bambarambay.
Fuente: http://www.radio-miami.org/archivo/el-duende/799-el-duende-en-la-habana


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