¡Miénteme!… si puedes

16 08 2013

¿Te has detenido alguna vez a estudiar las expresiones en el rostro humano? Pues dicen mucho. Yo he observado que hasta los perros rodeados de cariño y cuidado tienen una expresión diferente a la de los desamparados, pero este trabajo se refiere solo a expresiones del rostro humano. Léelo.

Por Leslie Díaz Monserrat          Foto: Manuel de Feria

Publicado en Vanguardia

Para Yunier Broche Pérez las microexpresiones faciales se han asociado con mucha frecuencia a la detección de mentiras, aplicación sobre- valorada si se tiene en cuenta el resto de sus utilidades.

Para Yunier Broche Pérez las microexpresiones faciales se han asociado con mucha frecuencia a la detección de mentiras, aplicación sobrevalorada si se tiene en cuenta el resto de sus utilidades.

 

El rostro de la Mona Lisa encierra muchos misterios. Esta pintura del genial Leonardo da Vinci clasifica, sin exagerar, como una de las más famosas del mundo. Cientos de investigadores revisan cada centímetro del óleo en busca de símbolos y códigos cifrados.
Para muchos la doña del siglo xvi sonríe desde su pose señorial; otros descubren en ella signos de desprecio; mas, hasta el momento su rostro constituye el gran enigma de la decodificación emocional.
A Yunier Broche Pérez le gustan los retos, aunque todavía no ha logrado revelar los misterios de La Gioconda, como también se le conoce al retrato del notorio artista italiano.
Desde hace un tiempo investiga la obra de Paul Ekman y sus teorías sobre las microexpresiones faciales. Este joven profesor de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas estudió Psicología y ya ostenta una maestría en esta rama del saber. Por su entrenamiento podría actuar como un detector de mentiras humanas.
«No exageres tanto», me corrige, y comienza a hablar sobre los descubrimientos de Ekman.
«Este psicólogo estadounidense determinó la existencia de expresiones emocionales de carácter universal, con formas faciales específicas e independientes de la raza o la cultura. Es decir, en todas partes del mundo las personas reflejan en su rostro de igual forma la alegría, la tristeza, la sorpresa, el miedo, la ira y el asco.
«Nuestra cara trasmite tres tipos de informaciones: estables (color de la piel, estructura ósea…), lentas (estados emocionales que se extienden por minutos, como el estrés antes de iniciar una prueba) y rápidas.
«Dentro de esta última se incluyen las microexpresiones faciales o emocionales, que son los movimientos musculares involuntarios e inconscientes del rostro, relacionados con una emoción que la persona intenta suprimir por diferentes razones».
—Entonces, ¿el rostro te delata cuando quieres falsear una expresión?
—Claro. Desde el punto de vista psicológico, las microexpre-siones actúan como una especie de válvula emocional. No hay que pensar para asustarnos y, cuando lo hacemos, todo nuestro cuerpo actúa en consecuencia con ello, porque existe una correspondencia entre la expresión de una emoción y lo que se siente. No estamos diseñados para mentir.
—Entonces, ¿por qué lo hacemos?
—El contexto, en ocasiones, te limita a no expresar lo que sientes. Por otro lado, están las reglas de exhibición que regulan el comportamiento esperado en diferentes circunstancias. Si vas a la funeraria, trasmites tu pésame con un rostro serio y no entre risas. Las relaciones de poder también te llevan a suprimir emociones, pues no debes mostrar todo el enojo que puedes sentir ante tu jefe. A pesar de todo el esfuerzo, siempre que alguien miente u oculta una información se producen movimientos involuntarios que lo delatan y alguien con entrenamiento puede detectarlo.

DETECTIVES
DE EMOCIONES

Cuando disfruté de la serie Lie to me (Miénteme), recién trasmitida por la televisión cubana, no me dejé impresionar por las artimañas del Doctor Lightman.
En la propuesta, el protagonista maneja una empresa integrada por detectives de emociones. Utilizan las microexpresiones para descu­brir mentiras bien elaboradas y verdades poco creíbles.
«El propio Ekman asesoró la saga, y en la actualidad constituye uno de sus principales críticos», me dice Yunier, y comenzamos a hablar sobre el cine y los artilugios de la industria cultural.
«Este audiovisual tiene su toque sensacionalista. Está diseñado para vender y muestra muchos falsos positivos, pues asegura que alguien miente cuando realiza determinado gesto. Acierta en el tema de las microexpresiones faciales, pero comete muchas pifias en el resto de los aspectos que atañen a la comunicación no verbal. Si me preguntaras cuánto tiene de ciencia y cuánto de ficción, podría decirte que 50 y 50».
En la actualidad, el tema de las microexpresiones faciales se estudia en distintas universidades del mundo. En menos de 25 segundos aparecieron en Google, el buscador de datos más usado de Internet, más de 13 mil páginas con contenidos relacionados.
Los estudios de animación Pixar se nutren de estas teorías para dotar a sus personajes ani­mados de expresiones humanas creíbles. En el año 1995 solicitaron la colaboración del afamado psi­cólogo norteamericano para la rea­lización de la película Toy Story, la primera cinta de animación digital en la historia del cine. Además, el investigador ha brindado conse­jería al FBI y a otras agencias de seguridad.
Las aplicaciones de estos estudios llegaron hasta los aeropuertos, pues en muchos de ellos se han instalado sistemas informa-tizados para decodificar emociones y comportamientos sospechosos entre los viajeros.
En la Psicología médica existen otras aplicaciones.
«Por ejemplo —asegura el joven investigador—, las microexpre-siones faciales sirven para saber qué siente en realidad un paciente, aun cuando este intente negar su estado de ánimo real, por ello se emplea como instrumento para estar más seguros antes de darle el alta médica a una persona con ideas suicidas.
«También se utiliza en Psicología del deporte. A un entrenador le interesa conocer el estado de sus atletas, pues ellos suelen disimular el sobresfuerzo y los síntomas del cansancio extremo, para continuar el entrenamiento».

SABER RECONOCER
LAS EMOCIONES DEL OTRO

Yunier Broche no se conformó con estudiar los aportes de Ekman y desarrolló esta línea de investigación.
«Queríamos saber cómo y con qué facilidad los seres humanos iden­tifican las emociones en el rostro del otro. Para ello estudiamos a personas normales (jóvenes universitarios y adultos mayores) y a convictos que cometieron asesi­natos y robos con violencia».
—¿Qué descubrieron?
—Los jóvenes identificaban bien las emociones en el rostro del otro. Solo tuvieron dificultad para reconocer el desprecio, pero muchas teorías aseguran que esta es una emoción no básica, sino aprendida y muy relacionada con el componente social. De ahí pasamos a estudiar a los adultos mayores, pues la capacidad de reconocer emociones debe mejorar con los años. Entonces, trabajamos con ancianos que viven en sus casas, junto a sus familiares y con otros que se encuentran en Hogares. Así descubrimos que los abuelos que se mantienen en instituciones estatales presentan problemas para reconocer las emociones básicas (alegría, tristeza, sorpresa, miedo, ira y asco). Por tanto, si bien uno no aprende a reírse, las relaciones sociales sostenidas protegen nuestra capacidad para reconocer emociones en otros y lograr la empatía.
—¿Y en el otro grupo estudiado?
—Las personas recluidas en centros penitenciarios que estudiamos confunden el asco con el miedo y la ira, algo que no sucede entre los sujetos sin antecedentes penales. Los reos estudiados parecen ser indiferentes ante la configuración emocional en el rostro del otro, es decir, ante el sentimiento que reflejan sus similares.
—¿Se le puede mentir a una persona entrenada para reconocer emociones verdaderas?
—Si, claro. Nadie es infalible, pero la mentira es tan adaptable como la verdad. Tus padres pueden decirte que eres la mujer más bella e inteligente del mundo, aunque no sea cierto, pero eso te hace sentir bien. Quien siempre dice la verdad es tan desadaptado como quien siempre miente. Lo mejor es confiar en determinadas personas, y esperar de ellas lo mejor.

ACERCA DE PAUL EKMAN

Paul Ekman es considerado por muchos como uno de los cien psicólogos más destacados del siglo xx. Nació el 15 de febrero de 1934 y fue pionero en el estudio de las emociones y sus relaciones con la expresión facial. Sus investigaciones datan de los años 60 de la pasada centuria, y demostraron que las expresiones faciales de una emoción no se determinan cultural­mente, sino que tienen un origen biológico, y por tanto son universales. Para validar su estudio trabajó con pacientes ciegos, los cuales ignoran cómo luce la alegría en el rostro humano; sin embargo, la expresan de igual manera. Además, describió microexpresiones faciales que pueden utilizarse para saber si alguien miente. Desde hace un tiempo trabaja en la creación de un detector de mentiras visual.

El psicólogo Paul Ekman determinó cómo lucen las emociones en el rostro humano, sin importar la edad o cultura. Si estamos bravos las cejas bajan y se juntan. Por tanto, una persona entrenada podría saber cuándo se altera ese orden porque intentamos falsear una expresión emocional.

El psicólogo Paul Ekman determinó cómo lucen las emociones en el rostro humano, sin importar la edad o cultura. Si estamos bravos las cejas bajan y se juntan. Por tanto, una persona entrenada podría saber cuándo se altera ese orden porque intentamos falsear una expresión emocional.

Expresiones extraídas del blog de Silvio: http://segundacita.blogspot.com/

Expresiones segundacita


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2 responses

16 08 2013
juanka montoya

los invito a la red social especializada en discapacidad http://www.anundis.com se que aportarian de manera muy valiosa

29 08 2013
oslaida

Muchas gracias. Muy valioso ese sitio.

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