El Polo que conocí

27 11 2012

Mi colega Osvaldo Rojas recuerda al Guajiro natural ahora cuando ya se cumplen diez años de su fallecimiento en fatal accidente.

Por Osvaldo Rojas Garay

Amo tanto la música como el deporte, por eso no desaproveché la oportunidad que se me presentó aquel domingo 21 de abril de 2002, cuando me preparaba para salir al aire en el programa Esperando la pelota, media hora antes del comienzo del partido entre Villa Clara y Cienfuegos en el estadio 5 de Septiembre.
Hasta los estudios de CMHW, ubicados provisionalmente en la sede de la corresponsalía de Radio Rebelde —debido a los estragos que le causó el ciclón Michelle a la Reina Radial del Centro— había llegado Polo Montañez, acompañado de María Eugenia (Maruchi) Guerrero, hermana de Antonio Guerrero, para promocionar el concierto que como parte de una gira nacional haría ese día el popular cantante pinareño, a las 9:00 de la noche, en áreas aledañas al estadio Sandino.
Era la segunda vez que Polo se presentaba en Santa Clara. Ya lo había hecho en una ocasión en el centro recreativo El Bosque, cuando todavía sus grandes éxitos no habían invadido el panorama musical cubano.
¡Qué lástima, ahora lo que tenemos es la programación deportiva!, comentó alguien. “Eso no tiene problema, que venga para acá. Hablaremos de música y pelota”, contesté.
Le pedí a Eric Cárdenas, el realizador de sonidos, que grabara la conversación, sin sospechar un instante que aquel casete que guardé celosamente se convertiría probablemente en el último testimonio radial que queda de la presencia del Guajiro natural en la provincia, pues siete meses más tarde, después de debatirse durante varios días entre la vida y la muerte a consecuencia de las lesiones sufridas en un accidente de tránsito, Polo nos abandonó físicamente a las 11:20 de la noche del 26 de noviembre de 2002, hace diez años.
El día de su actuación en la capital villaclareña, Polo paseó en horas de la mañana por el Parque Vidal . “Un parque muy bonito”, confesaría más tarde. Allí, según me comentó entonces el colega Guido de Armas, se le acercó un muchachito ciego acompañado por su abuelo, quienes querían conocerlo. El cantautor que José Da Silva descubrió en el hotel Moka, en Las Terrazas, Candelaria, invitó a los dos para que fueran a su concierto.
En Esperando la pelota el autor de Un montón de estrellas contó a los oyentes cómo previo al partido inaugural de la XLI Serie Nacional de Béisbol, entre Industriales y Santiago de Cuba, el 6 de enero, lanzó la primera bola vistiendo el traje de la selección indómita, en el “Guillermón Moncada”.
“Cuando llegué a Pinar del Río, la gente estaba brava. Entonces, allá empezó la zafra y me fui el primer día con los pinareños a cortar caña. Más nunca tiro una pelota en ninguna parte”, dijo en tono jocoso.
Relató sobre su encuentro con Antonio Muñoz en Trinidad. “Nos hicieron un plato llamado Guajiro natural”, señaló. También narró cómo en una de las presentaciones lo sorprendió Cándido Fabré, su ídolo. “Ese sí es pelotero”, subrayó.
Sin quitarse su inseparable sombrero, Polo hablaba bajito y de vez en cuando dejaba escapar un “claro” en tono muy campesino, para afirmar algo. Dijo que tenía 46 años de edad, que el 5 de junio cumpliría 47, pero en verdad, lucía tener muchos más. Eran seguramente las huellas de su incesante bregar en su época de machetero, tractorista, ordeñador de vacas y carbonero.
Convertido de la noche a la mañana en uno de los cantantes más escuchados en Cuba y Colombia, donde lo premiaron con el Disco de Platino, le pregunté a Polo cómo llevaba el fenómeno de fama y popularidad y me contestó:
“La fama para mí es como botar una caja de cigarros Populares, aunque, claro, un artista sin fama quiere decir que no tiene público ni tiene aceptación. Yo me siento el mismo guajiro natural que sale para el parque y se sienta a hablar con todo el mundo. Hay mucha gente que no está preparada para eso y la fama lo hace cambiar muy rápido”.
Una buena parte de lo recaudado en los 15 conciertos que realizó durante la gira fue destinada al incremento de los fondos para la base técnico-material del sistema de enseñanza nacional artística. “Esa donación los estudiantes nos la van a agradecer mucho. Ojalá pudiera hacer una cosa mejor cada día”, exclamó.
En una parte del diálogo, Polo anunció el lanzamiento de su segundo disco “Guitarra mía”, el 24 de mayo en la Feria Cubadisco 2002. Vaticinó que sería “un disco más romántico”.
Ya en el epílogo del programa advirtió: “Hoy el público me va a hacer botar la pelota aquí en Santa Clara”.
Meses más tarde lo llamé a su casa. Por mi mente no podía pasar que en poco tiempo, un día de noviembre, como señaló en la sentida despedida el director provincial de Cultura en Pinar del Río, Lázaro Alvarado, la muerte nos privaría de “la sonrisa de ese guajiro que anhelaba el canto de los pájaros y el aire puro, de ese hombre humilde y bondadoso que venció su miedo escénico para cantarles a miles que le aclamaban”.


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