El repentismo cubano: Patrimonio Inmaterial Nacional

24 05 2012

Angelito Valiente y El Indio Naborí.

El repentismo, como manifestación genuina de la música campesina en Cuba, acaba de ser declarado Patrimonio Inmaterial Nacional.

Esta manifestación artística, que incluye la décima cantada, tonadas variadas y el pie forzado, está presente en toda la geografía cubana.

Las controversias repentistas entre poetas demandan de sus autores el don de la improvisación en décimas, lo cual es muy gustado en Cuba y es un arte que requiere de mucha agilidad mental y que no todos pueden desarrollar. Se nace con ese don, afirman algunos.

Cultores destacados de este arte fueron Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé), Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí), Angelito Valiente, Justo Vega y Adolfo Alfonso (recientemente fallecido), por solo citar algunos.

En este sentido, sería bueno recordar lo que constituyó todo un acontecimiento cultural en el siglo anterior: la conocida como Controversia del siglo en verso improvisado entre los poetas El Indio Naborí y Angelito Valiente. Poesía oral, espontánea, al ritmo rápido de un laúd entre dos grandes de esa variedad artística.

Dos actos fueron necesarios para que el jurado constituido diera su dictamen a favor de uno u otro: el primero de ellos el 15 de junio de 1955 en el Teatro Casino Español, de San Antonio de los Baños, en La Habana, ante unas dos mil personas, y el segundo, del desempate, en el Estadio de Campo Armada, en el reparto Lucero, también en La Habana, y se dice que esta vez fue ante la presencia de unos diez mil espectadores.

Ello constituye una muestra de hasta qué punto la controversia cantada, variante del repentismo, ha calado en Cuba. En esa ocasión se hizo derroche de una poesía de gran intensidad vinculada estrechamente con el pueblo, por lo que  quedó para la historia por el alto nivel artístico.

Cinco temas universales fueron propuestos por el jurado a los contendientes: el amor, la muerte, la libertad, el campesino y la esperanza.

Quedó tablas aquel encuentro entre los dos más famosos en la radio de entonces, sea por la calidad de ambos o porque el público los aclamaba por igual, mas es indudable que esta lid la ganó el repentismo cubano.

He aquí una muestra en el tema referido al amor:

 

Naborí:

Amor —bálsamo en la herida

y sol risueño en la frente—

es el Génesis, la fuente

universal de la vida.

Por su gracia indefinida,

yo explicaría el amor,

no con mi voz de cantor

sino con veinte violines

en un bosque de jazmines,

a los pies de un surtidor.

Valiente:

Amor es desprendimiento

del humano corazón;

una manifestación

íntegra del sentimiento.

Sublime florecimiento

de íntimas evocaciones;

pulmón de nuestros pulmones,

que más fuerza le pedimos

cuando en el alma sentimos

todas sus palpitaciones.

Naborí:

Érase la iniciación

del milagro de lo vivo:

salió Amor del primitivo

huevo de la Creación …

Todo sintió la pasión

de abrazarse y de fundirse;

acaso porque al abrirse

sus pupilas luminosas,

tuvieron seres y cosas

la necesidad de unirse.

Valiente:

Amor es lágrima ardiente

y carcajada sonora:

está en el pecho que llora

y en el niño sonriente.

Nada le es indiferente,

en todas partes está;

y sólo el amor nos da

un aire de primavera,

cuando la ilusión primera

de la vida se nos va.

Naborí:

Amor es el Todo: es

el cuerpo eterno de un dios

que quiso partirse en dos

para juntarse después.

Donde una pareja ves

fundiendo sus voluntades,

no veas dos unidades

juntas por afinidad,

sino una sola unidad

uniendo sus dos mitades.

Valiente:

Por el amor a la vida

hay lucha de enero a enero,

y el hombre derrite acero

sudando sangre molida.

Con la influencia crecida

de una fuerza espiritual,

el trabajo corporal

tiene sus evoluciones,

para las realizaciones

del progreso universal.

Naborí:

Amor. .. ¿Qué cosa es amor?

Tal vez la ley misteriosa

que enseñó a la mariposa

el secreto de la flor.

Hoguera cuyo calor

salva de muerte al viajero

que transita por sendero

helado de invierno triste…

fuerza de atracción que existe

entre el imán y el acero.

Valiente:

¡Qué sublime es el amor

de ese padre espiritual

que es el maestro rural

en su cívica labor!

Llegar al campo, al dolor

de tanto niño olvidado,

arrancarlo del arado

donde mata su destino

para enseñarle el camino

que el geófago le ha negado.

Naborí:

Amor no es pedir: es dar

la casa, el lecho, la mesa…

Es —según Santa Teresa—

­la alegría de alegrar…

Ser feliz al escuchar

la risa de los felices,

ver los humanos deslices

con el perdón más profundo,

¡sentir que el tronco del mundo

tiene en nosotros raíces!

Valiente:

Y por el amor también

el hombre se ofusca y mata

cuando la mujer ingrata

no le corresponde bien.

Cuando traición y desdén

marchitan su amor profundo,

cuando un loco furibundo

se arrebata y busca el pecho

que le ha robado el derecho

de ser feliz en el mundo.

Naborí:

Hay el amor de cristal

de la novia soñadora,

embrujada por la hora

del beso y del madrigal.

La espera inquieta, puntual

como los rayos solares,

El cantar de los cantares

en voz de aire sedeño,

y la embriaguez de un ensueño

constelado de azahares.

Valiente:

Amor de novia, embeleso

de ternura apasionada,

calabozo en la mirada

para la prisión de un beso.

Vemos el instinto preso

de unas inquietudes locas,

un afán rompiendo rocas

de vigilancia y cuidado,

cuando no se ha realizado

el impacto de dos bocas.

Naborí:

Hay el amor a la esposa,

la sed joven que disfruta,

la realidad de la fruta

y la ilusión de la rosa.

Mas, cuando madre amorosa

la mujer se nos ha dado

en el hijo bienamado

que hablará con nuestro dejo,

el Amor es un espejo

vivo que nos ha copiado.

Valiente:

La esposa se da en amor

como en caminos la vida,

cuando es bien correspondida

por su firme adorador.

Pierde todo su esplendor

cuando la traición la hiere;

es un amor que requiere

justa reciprocidad

porque sin felicidad

se enferma, se agrava y muere.

Naborí:

Madre —tierra que se inunda

de savia, vibra y florece-:

tu hijo es un árbol que crece

desde su entraña fecunda…

Pero su raíz profunda

se ha quedado en tu matriz:

por eso no eres feliz

si tu hijo llanto derrama:

golpe asestado a la rama

siempre duele la raíz.

Valiente:

La madre siente un amor

hondo y desinteresado:

diríase un cuerpo alado

para un vuelo superior.

Se crece junto al dolor,

ante el pecado medita;

es esa fuerza infinita

que el tiempo no la consume;

rosa que se da en perfume

hasta después de marchita.

Naborí:

Amar a un hijo es amar

nuestra carne, nuestros huesos;

es como ver nuestros besos

con el milagro de andar.

Y el padre que ve enterrar

a un hijo inmóvil y frío,

es un pájaro sombrío

que en un dolor de ala mustia

se pone a volar su angustia

al pie del nido vacío.

Valiente:

Amar a un hijo es saber

que todo no se ha perdido,

que el árbol viejo y rendido

en otro empieza a crecer.

Verlo jugar y correr

es empezar a vivir…

¡Qué dicha verlo reír,

porque en su risa inocente

se está abriendo una simiente

de luz para el porvenir!

Naborí:

Para que con nuestra huella

se torne cristal el lodo,

hay que amar: amarlo todo,

desde el gusano a la estrella.

La fulminante centella

se hará un suave resplandor;

la espina se hará una flor,

el erial se hará una huerta,

cuando no quede una puerta

cerrada para el Amor.

Valiente:

Amor grande el que yo siento

por aquella madre anciana,

desde allá con una cana

me iluminó el pensamiento.

Levántate, monumento

de luz, de esperanza y fe;

mirarte es saber por qué

nadie tanta luz expande…

Allá está el amor más grande

del mundo, puesto de pie.

 

 

 

 


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