Periodistas alfabetizadores de Villa Clara

21 12 2011

En el marco de la celebración del aniversario 50 de la Campaña de Alfabetización en Cuba, hecho histórico que marcó un antes y un después no solo para nuestro país, sino también para América Latina, mi colega Narciso Fernández Ramírez quiso regalarnos el trabajo que reproduzco a continuación acerca de los periodistas de Villa Clara que fueron alfabetizadores en aquella contienda del saber. Entre ellos,  la autora de este blog.

Por Narciso Fernández Ramírez (http://narciso.blogcip.cu)

Hace cincuenta años Cuba ganó una de sus más importantes batallas: la batalla contra el analfabetismo. En apenas un año, más de un millón de cubanos aprendieron a leer y escribir y salieron de la ignorancia.

 

 

La victoria fue de todo un pueblo, en su mayoría de jóvenes que dieron el paso al frente al llamado de Fidel de declarar en 1961 a Cuba Territorio Libre de Analfabetismo. En aquella epopeya, participaron varios que luego engrosarían las filas del periodismo y que hoy constituyen ejemplos de profesionales entregados a su oficio.

De izquierda a derecha: Pantoja, Oslaida, Roland, Pedro, Celia y Benito (Fotos: Narciso Fernández)

En el caso de Villa Clara son seis colegas: Luis Orlando Pantoja Veitía, Pedro Méndez Suárez, Rolando González Reyes, Benito Cuadrado Silva, Oslaida Monteagudo Yanes y Celia Farfán González. De ellos, cinco laboran en el periódico Vanguardia y el otro, Luis Orlando Pantoja, lo hace en la emisora Radial CMHW, donde todos los días pide la palabra.

Hubo otros trabajadores de la prensa villaclareña que dieron igualmente su aporte de llevar la luz de la enseñanza a los campos cubanos: Lázara Carmenate, por años recepcionista de Vanguardia, ya jubilada, y las ex correctoras del propio órgano de prensa: Carmelita Cabrera Monteagudo  y Eumelia González Borrell.

Con 11 años alfabetizando en Maisí

Oslaida, en su actual función de correctora en Vanguardia.

 

Para Oslaida Monteagudo, correctora en Vanguardia desde hace más de treinta años, la Campaña de Alfabetización fue casi una aventura. La aventura de una niña de apenas 11 años, que sin tener clara noción de lo que hacía se sumó a ella y marchó a alfabetizar al extremo más oriental de Cuba.

“Ni sabía bien lo que era la alfabetización. En mi imaginación me veía con un rifle formando parte de un ejército. Enseguida mostré disposición y le pedí permiso a mi mamá. Me lo dio, aunque ni ella misma entendía mucho de eso, pues vivíamos en el campo, en Vega de Palma, cerca de Camajuaní. No obstante, firmó la planilla con su autorización.

“Mi mamá me preparó todo y, junto a otra niña de la zona, partimos hacia Varadero, en donde estuvimos varios días preparándonos. En tren, salimos hacia Santiago de Cuba y de ahí, en camiones, hacia Baracoa. Actuaba más por embullo que por otra cosa. Era la más pequeña del grupo, en edad y tamaño.

“Fui ubicada en un lugar llamado Guandao, un lomerío muy intrincado cerca de la Punta de Maisí. En la casa vivían siete personas y el dueño, un hombre cincuentón, estaba casado con dos mujeres y tenía hijos con cada una de ellas. Imagínate, enseguida me cambiaron y pasé a otra vivienda de mejores condiciones. El campesino se llamaba Anastacio Acosta y todos sus hijos eran mayores que yo.

Carnet de alfabetizadora de la entonces niña de 11 años, Oslaida Monteagudo.

 

“Impartía clases por la noche a cinco alumnos bajo la luz del farol. También enseñaba por el día. La señora de la casa no aprendía ni una letra y mucho trabajo me dio para que al final, al menos, supiera escribir su nombre.

“Cuando me preguntaban en dónde yo vivía y le decía que en Las Villas, no tenían ni idea de la distancia y la imaginaban cerca de Santiago de Cuba. Había jovencitas, con 15 o más años, que nunca habían bajado a Baracoa.”

Oslaida hace una pausa y regresa a su historia para rememorar aquel viaje en tren hacia La Habana: “Duró como una semana. Era un tren larguísimo, de muchos vagones de caña y dormíamos con nuestras hamacas amarradas a las casillas. Recuerdo que nos daban muchas latas en conserva y por el camino se las tirábamos a los niños que saludaban a nuestro paso.

“Del acto en la Plaza tengo muy vaga memoria, pues la concentración de aquel 22 de diciembre de 1961 fue enorme y ni siquiera estaba cerquita de la tribuna. Si coreaba, como todos: “Fidel, dinos que otra cosa tenemos que hacer”.

“A mi casa, a la estación de ferrocarril de Vega de Palma llegué como a las seis de la tarde. Había allí un tremendo alboroto. Me espero mi hermano. Todos asombrados de que yo, una niña, hubiese hecho lo que hice. Alfabetizando cumplí los doce años y bañándome en un río tuve mi primera mestruación.

“Me hubiera gustado haber tenido más edad en aquel momento para aquilatar mejor lo sucedido. Fueron nueve meses lejos de mi familia, que nunca pudo ir a verme por lo distante, pero fui muy bien cuidada por ese matrimonio, que me malcriaba como a su hija más chiquita. Resultó la experiencia más maravillosa de mi vida.”

Dos muchachos de Placetas en Oriente

Benito y Pedro, hoy dos experimentados periodistas, que en 1961 decidieron ir a alfabetizar a Oriente.

 

Benito Cuadrado Silva vivía en el propio Placetas, hijo de un pintor de brocha gorda. Pedro Méndez Suárez, en La Ceja, una finca cerca de Báez, y su papá era un isleño resabioso. Los dos estudiaban entonces en la secundaria básica Eduardo René Chibás.

Ambos dieron su disposición de irse a alfabetizar y recibieron el consentimiento de sus respectivos padres. Benito tenía entonces  16 años y Pedro, 14. Ellos, y el resto de los placeteños, unos veinte, hicieron entonces un juramento: solo irían a alfabetizar a Oriente, a la Sierra Maestra. A ningún otro lugar, y si fuera a Guantánamo, mejor.

A Benito, periodista de Vanguardia por más de cuarenta años, lo ubicaron en un intrincado paraje serrano. De Campechuela hacia arriba, unas cinco leguas después de Cienaguilla, a donde solo se podía llegar a pie o en mulos. El lugar exacto se llamaba Taller de la Gloria y allí vivía el campesino José Núñez Pérez y su esposa Inocencia.

“Tenían cuatro hijos: dos varones y dos hembras; el mayor, de 24 años. De los cuatro hijos de Pepe, dos eran analfabetos totales y los restantes, apenas tenían un segundo grado. Les enseñé a todos, incluida a Francisca, una jovencita que vivía cerca. Bueno, en el caso del viejo, casi, pues no le entraban las letras de ninguna manera. Malamente aprendió a firmar, pero, al menos, aprendió eso, de lo que se sentía orgulloso.”

Pedro Méndez, director del suplemento humorístico Melaito desde hace más de cuarenta años y afamado dibujante, era entonces un imberbe guajirito de profusa cabellera negra: “Me ubicaron en un lugar llamado Arroyo Seco, por los Pinares de Mayarí, en la Sierra Cristal, cerca del campamento de Raúl en el II Frente Oriental.

“La casa estaba en Cuatro Veredas y el dueño se llamaba Vitico Ramírez. Para llegar había que pasar en bote el río Mayarí, por un lugar que le decían El Jabao. Recuerdo que llegué como a las 10 de la noche y temblaba de frío. Nunca había visto montañas tan altas, con las nubes por debajo de mí. Allí alfabeticé a cuatro campesinos.”

Según Benito Cuadrado cuando se acostaba en su hamaca sentía los ratones correr y se pasaba toda la noche tirándole patadas para espantarlos. Recuerda que el día que llegó a la casa de Pepe Núñez en el almuerzo había viandas hervidas y carne seca. Me invitaron a almorzar, pero no quise comer nada. Entonces me dijo él: “Maestro aproveche que hoy tenemos carne y eso es una rareza por acá” Lo tomé en broma, pero ¡oígame!, con el paso del tiempo comprobé cuánta verdad había en las palabras del serrano.

“Ello ni siquiera comían carne rusa, porque decían que era carne de gente y que algunos vecinos habían encontrado dedos en las latas. Muchos nos ayudó a los brigadistas la abundancia de mangos en la zona. Creo que nos pusimos amarillos por dentro.”

Mientras a Pedro Méndez le llamó mucho la atención la diferencia de costumbres: “Eran hospitalarios, pero no tan abiertos como nosotros ya que no estaban acostumbrados a relacionarse con gente extraña. No comían arroz y cocinaban los alimentos, sobre todo el plátano, con apenas manteca y sin sal. Hablaban distinto a nosotros. Si iban a decir “se te cayó esto” lo decían al revés. “te se cayó esto”. Sin embargo, me querían mucho y nos llevábamos bien.”

Benito nunca olvidará aquella emboscada rebelde contra los alzados que habían por la zona donde él alfabetizaba: “Un mediodía llego a mi casa después de darle clases a Francisca y veo entre las lomas descender a un grupo de hombres armados. Al rato, escucho un tremendo tiroteo y voces lejanas intimando la rendición: “Ríndanse maricones” y la respuesta inmediata, acompañada del tableteo de ametralladoras: “Vengan a buscarnos, cojones”

“Terminado el combate fuimos al lugar. El espectáculo era impresionante: tres bandidos muertos, alineados uno al lado de otro y uno, algo alejado, gravemente herido en el estómago. Los milicianos, casi niños, habían tenido dos o tres heridos a sedal. Nada de importancia. En parihuela intentaron bajar al herido hacia el hospitalito de Cienaguillas, recién construido por le Revolución, pero no llegó con vida.”

En tanto, Pedro tampoco olvida que fue allá, en medio de aquellas lomas orientales, donde hizo su primer trabajo artístico: “Fue en una laja grande. Conseguí pintura roja y con un pincel que hice con la crin del caballo de Ángel Beltrán, escribí: “Aquí se encuentran los brigadistas de Placetas, y a continuación, la relación nominal de cada uno.”

Benito, extremo derecho, una vez llegado a Placetas, finalizada la Campaña de Alfabetización.

 

Para Benito, la Campaña de Alfabetización tuvo mucho simbolismo: “Para un muchacho de ciudad estar en la Sierra Maestra, en el mismo lugar donde se había luchado contra la tiranía de Batista y hacer allí una labor como alfabetizar, enseñar a leer y escribir, representó lo mejor que se podía esperar de la Revolución, que emergía por ese entonces. Vivir en las condiciones humildes de los campesinos, enseñarlos y aprender de ellos, de su experiencia, me marcó mucho. Me marcó para toda la vida. Dos horas después de haber llegado a mi casa, el 25 de diciembre de 1961, llegó mi hermano, que había alfabetizado en la zona norte de la provincia.”

Pedro, a medio siglo del acontecimiento que selló un hito en la historia de nuestra Patria, significa: “La alfabetización fue una escuela. Creo que nosotros aprendimos más de lo que enseñamos. Cuando volví era otra persona. Mi verdadera conciencia revolucionaria comenzó allí. Ir, fue una aventura. Regresar, meses después, marcó mi madurez como persona y revolucionario.”

 

 

 

Roland y Celia, alfabetizadores de Dobarganes, Santa Clara.

Roland y Celia, alfabetizadores de Dobarganes, Santa Clara.

Celia Farfán y Rolando González llevan trabajando juntos más de cuarenta años y se conocen de toda una vida, pues ambos nacieron en el mismo barrio en Santa Clara. Ella, es diseñadora de Melaito casi desde su fundación hace 43 años y Roland, redactor y caricaturista de la renombrada publicación del centro de Cuba, desde el mismo tiempo.

A Celia su papá no le dejó ir a alfabetizar fuera de Santa Clara. Pero no quiso dejar de participar y en Dobarganes mismo, cerca de su casa, enseñó a leer y escribir a varios humildes trabajadores que nunca habían tenido la posibilidad de ir a la escuela.

“Yo tenía 15 años y mi papá no permitió que me fuera lejos de la casa. Era alumna del segundo año del preuniversitario Osvaldo Herrera y di mi disposición de enseñar. Alfabeticé a cinco vecinos: tres hombres y dos mujeres. Recuerdo que Pedro Águila, un obrero de unos 40 años, era analfabeto total; mientras que Andrés Osés, de aproximadamente unos 30, era semianalfabeto.

“Mis hermanos sí alfabetizaron lejos. Uno de ellos, Gualberto Farfán, aunque era menor, pues tenía solo 13 años, dio clases en la zona de General Carrillo. Para mí, como para toda mi generación, la Campaña de Alfabetización fue muy linda y una experiencia inolvidable.”

Carnet de alfabetizador del entonces joven de 20 años, Rolando González Reyes.

Rolando, Roland, como nombre artístico, sí marchó lejos de casa. Con 20 años alfabetizó en un pueblucho llamado El Naranjo, una zona intrincada del macizo montañoso del Escambray llena de alzados:

“Subimos a las lomas en un camión del Ejército. Allí, en El Naranjo, estuve poco tiempo, pero el suficiente para que viera a un alzado agonizando luego de un enfrentamiento con la milicia. Todavía se me erizan los pelos. De ahí, nos llevaron para Barajagua, cerca de Cumanayagua. Fuimos el instructor y dos amigos míos, uno de apellido Quintana, y el otro, Abreu. A mí me ubicaron en la Finca Santa Gertrudis, que pertenecía a una familia de buena posición, los Montes de Oca.

“La ubicación la gané yo porque le caí en gracia a uno de los hijos, quien le dijo al padre: “Papá, este es el que se queda”. Allí, hasta me enamoré de Idalia, la hija del matrimonio, que tenía más o menos mi edad.

“Alfabeticé a tres campesinos, los que me dieron mucho trabajo, pues solo querían estar tocando guitarra y no estudiar. Tenía que inventar para convencerlos, vaya, embullarlos. Fue una época muy linda. No pude ir a La Habana, pero acá en Santa Clara, en el barrio, me hicieron un lindo homenaje. Bajé de las lomas con barba y lleno de collares de santajuana.

“La alfabetización significó mucho en mi vida. Era un pepillito del Parque Vidal, que nunca  había salido de Santa Clara. Enseñar me permitió ver y conocer otro mundo. Nunca la olvidaré.”

Pantoja, la Campaña desde un puesto de dirección

Luis Orlando Pantoja, derecha, saluda a Pedro Méndez en la sede de la UNEAC de Villa Clara.

Luis Orlando Pantoja es el más longevo de todos los alfabetizadores periodistas entrevistados. Tiene ahora 78 años y una salud que no siempre acompaña a su espíritu de hombre batallador y dedicado al trabajo.

A diferencia del resto de los colegas que estuvieron dando clases y enseñando a leer y escribir durante aquellos meses de 1961, Pantoja asumió desde el inicio de la Campaña de Alfabetización funciones de dirección.

“Trabajaba en el INRA cuando el comandante Luis Borges me informó que debía pasar a la Comisión Provincial de Alfabetización de la antigua provincia de Las Villas, la que estaba presidida por Luis González Marturelo. También la  integraban, entre otros, Diosdado Gómez, vicepresidente encargado de las Finanzas; Melba Gómez, Técnico de la Campaña, y el maestro Julio López Blanco.

“Tenía la responsabilidad de la Propaganda y radicaba en la calle Cuba y San Cristóbal. Teníamos un periódico llamado El Alfabetizador y también hacíamos menciones radiales.

“Fueron tiempos de mucho trabajo. Había alzados por doquier en esta provincia, no solo en el Escambray y eso le costó la vida a varios alfabetizadores: Conrado Benítez, Manuel Ascunce, Delfín Sen Cedré, nombres conocidos por todos los cubanos, pero también a otros de los cuales no se sabe tanto. Me refiero a los dos técnicos de la Campaña de Alfabetización: Abel Roig y Santos Caraballé, asesinados en un lugar cercano a Yaguajay.

“Debo decir que el alma de la Campaña de Alfabetización fue el maestro y poeta Raúl Ferrer. Como pedagogo, le imprimió toda su experiencia de maestro rural y como comunista le dedicó todas sus energías. Ferrer, un hombre inteligente y sabio, creó la célebre ecuación QUTATA 2, siglas de Que todo Analfabeto  tenga su Alfabetizador y que todo Alfabetizador tenga su Analfabeto.

“Recuerdo la competencia fraternal para declarar el Primer Municipio Libre de Analfabetismo. Hasta el último minuto, San Juan de los Yeras estuvo optando, pero en buena lid lo ganó Güira de Melena. San Juan, entonces, fue el segundo de Cuba.

“Pienso que la Campaña sentó las bases para todo el desarrollo cultural del país. Resultó una experiencia única y de tanto valor espiritual ver aquellos niños y niñas de 13 o 14 años dando clases con tanta responsabilidad y alejados de su familia en tantos lugares intrincados.

“Fue una verdadera escuela forjadora de conciencia y despertó en mí el maestro que llevo dentro y del que nunca me desprenderé. Ponlo en mayúsculas: Si no fuera periodista, fuera MAESTRO.”

 


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: