Un abracadabra de millones

14 09 2011

 

Entrevista a Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, al cumplirse 13 años del injusto encierro de los Cinco antiterroristas cubanos en cárceles de Estados Unidos.

Por  Rafael Hojas Martínez  

“Yo suelo invocar una palabra, una palabra mágica, una palabra abrepuertas, que es, quizá, la más universal de todas. Es la palabra abracadabra, que en hebreo antiguo significa: Envía tu fuego hasta el final. A modo de homenaje a todos los fuegos caminantes, que van abriendo puertas por los caminos del mundo, la repito ahora:
Caminantes de la justicia,
portadores del fuego sagrado,
¡abracadabra, compañeros!
Eduardo Galeano


En mi opinión, cualquier solución al caso de los Cinco, debe transitar por una distención en el histórico conflicto entre Cuba y Estados Unidos. ¿Cómo observa el desarrollo futuro de ese fenómeno?

“Con independencia del histórico conflicto entre ambos países, el Gobierno de Estados Unidos debe poner en libertad inmediatamente  y sin condiciones a los Cinco porque está obligado a cumplir con las normas internacionales en la lucha contra el terrorismo.
“En Washington saben perfectamente que la colosal injusticia contra nuestros compatriotas tuvo una sola explicación: el interés de las autoridades norteamericanas de proteger y apoyar a las bandas terroristas que allá operan impunemente contra Cuba. Eso lo dijeron, con todas las letras, en el infame proceso que se les siguió en Miami, lo repitieron los fiscales, consta en la acusación formulada contra ellos y en las actas del tribunal hasta el último día de lo que fue el juicio más largo de la historia en ese país.
“Debemos insistir, sin cansancio ni tregua hasta conseguir que el pueblo de Estados Unidos pueda enterarse de que su gobierno es culpable de promover el terrorismo que es, ni más ni menos, lo que demuestra hasta la saciedad, el caso de los Cinco”.
Ha trascendido que René González será liberado el próximo 7 de octubre si se aplica el beneficio por buena conducta  y a partir de ese momento comenzaría el período de libertad supervisada. ¿Quién “supervisará” a los terroristas de Miami para que René no sea víctima de una acción criminal y pueda regresar sano y salvo a su patria? René corre un enorme peligro.
“Debo aclarar que René no deberá salir de la prisión el 7 de octubre por buena conducta o porque reciba algún beneficio. Esa es exactamente la fecha establecida en la injusta sentencia que le fue impuesta. Su abogado defensor ha solicitado a la jueza Lenard que le permita regresar a Cuba inmediatamente donde está su familia. Obligarlo a permanecer allá tres años más es prolongar un castigo inmerecido y por supuesto sería una situación muy riesgosa para él.
“La salida de René de la prisión coloca a la administración Obama en una situación, por decir lo menos, incómoda y lo mejor para los actuales gobernantes norteamericanos sería que René vuelva lo más rápido a nuestro país. Recuerda que por insistencia del régimen de W. Bush en la sentencia que le impusieron a René incluyeron este requisito inaudito: “Como una condición especial adicional de la libertad supervisada se le prohíbe al acusado acercarse a o visitar lugares específicos donde se sabe que están o frecuentan individuos o grupos terroristas”.
“Esa prohibición es la prueba más escandalosa de la complicidad de aquel régimen con los peores terroristas que, por cierto, abundan en Miami. El Presidente Obama tiene que decidir ahora si él también se va a ocupar de ‘proteger’ de René a los terroristas como quería W. Bush”.

Gerardo Hernández es el más castigado de los Cinco. El enemigo se ensaña cruelmente contra él. No es justo que quien lucha por salvar vidas humanas, sea penado injustamente a morir en prisión. ¿Acaso tendremos que acostumbrarnos a esa triste idea? ¿Cuál es la situación actual de su caso?
“Gerardo es ciertamente el más castigado. No solo por la enormidad de su condena sino también porque sus condiciones carcelarias son muy duras, le impiden ser visitado por su esposa y le niegan acceder a documentos esenciales para su defensa. A pesar de esas trabas tan arbitrarias como reiteradas, el pasado 16 de agosto pudo presentar su réplica a la posición de la Fiscalía oponiéndose a su petición de hábeas corpus. Estamos a la espera de la decisión de la jueza Lenard.
“El alegato de Gerardo se concentra en el cargo 3 (conspiración para cometer asesinato) del cual él es el único acusado. Es una acusación infame que no formaba parte del Acta acusatoria inicial y fue agregada varios meses después, en medio de una fuerte campaña mediática que incluyó reuniones públicas de los acusadores, el FBI y algunos de los más notorios terroristas, en las que abiertamente prepararon esta abominable calumnia.
“La infamia se basa en el incidente del 24 de febrero de 1996 cuando aeronaves de un grupo terrorista penetraron nuestro territorio, algo que habían hecho en numerosas ocasiones pese a reiteradas advertencias y denuncias de Cuba.
“Gerardo no tuvo absolutamente nada que ver con ese incidente como bien saben las autoridades. Según reconocieron en el juicio de Miami, el FBI descubrió y conocía los detalles de su heroica misión, por lo menos, desde 1994, sin embargo, no lo acusaron cuando ocurrió ese hecho dos años más tarde. Gerardo permaneció en Miami cumpliendo su delicada tarea y pasaron otros dos años hasta su arresto en septiembre de 1998. Entonces tampoco lo acusaron de ese supuesto ‘crimen’, algo que como ya expliqué, fue inventado después para complacer a la mafia terrorista.
“El mismísimo gobierno de Estados Unidos reconoció en mayo del 2001 que le era imposible probar su acusación. Lo hizo en un documento oficial que está disponible para quien quiera leerlo, un documento que conocen la jueza de Miami y los de la Corte de Apelaciones de Atlanta. Pero no lo conocen millones de personas porque los grandes medios jamás lo mencionan.
“Hay otro secreto que las autoridades norteamericanas han guardado celosamente durante más de 15 años: las imágenes que tomaron sus satélites sobre lo ocurrido en febrero del 96. Entonces la misión de la Organización de la Aviación Civil Internacional que investigó el incidente las solicitó formalmente, pero Washington se negó a entregarlas. Igual petición hizo la defensa de Gerardo durante el juicio de Miami y otra vez el gobierno rehusó presentarlas. Ahora Gerardo vuelve a demandar, en su hábeas corpus, que muestren las imágenes y nuevamente el gobierno se opone a que nadie pueda verlas. ¿Por qué Washington insiste tan tercamente en esconderlas?
“Ya dije que Gerardo no tuvo absolutamente relación alguna con lo sucedido aquel día frente a la ciudad de La Habana. Pero si el hecho ocurrió aquí, en territorio cubano como mostraban nuestros radares y ha sostenido siempre Cuba, ningún tribunal norteamericano tenía jurisdicción alguna respecto a él. Para reclamarla tenía que haber sucedido en el espacio aéreo internacional. Como la información que daban sus radares era confusa y contradictoria la OACI les pidió que dejaran ver las imágenes tomadas por sus satélites espaciales. Han pasado 15 años y las siguen ocultando. ¿Por qué?
“La respuesta es obvia.
“Pero Washington ha logrado mantenerlas en secreto porque nadie en la gran prensa se ha atrevido a hacerle esa pregunta tan simple”.
¿Cómo define el tratamiento de la prensa occidental y estadounidense en particular al caso de los Cinco? ¿Cómo enfrentar esa hegemonía mediática?

“Se define con una palabra: complicidad. Han impuesto un silencio total sobre el caso de nuestros Cinco compañeros para evitar que la gente sepa que Washington es culpable de medio siglo de terrorismo contra Cuba e impedir la denuncia y la solidaridad.
“Pero respecto a la prensa hay algo más que resulta clave en los argumentos de los hábeas corpus. Mientras imponían un muro  de silencio hacia afuera, en Miami numerosos ‘periodistas’ actuaron como agentes provocadores desatando una desbocada campaña de odio y calumnias contra los acusados. Crearon lo que el panel de la Corte de Apelaciones calificó como una ‘tormenta perfecta’ de prejuicios y hostilidad y fue la base de su histórica decisión unánime en 2005 que anuló la farsa judicial de Miami. Esos mismos ‘periodistas’ hostigaron también a los abogados, a los testigos y a los miembros del jurado pese a las reiteradas protestas de la jueza.
“Pero en 2006 se descubrió algo hasta entonces desconocido: esos ‘periodistas’ eran, en realidad, empleados del gobierno que les pagó centenares de miles de dólares del presupuesto federal. Eso es solo la punta del iceberg. Varias organizaciones de la sociedad civil llevan ya cinco años reclamando que se entregue toda la información sobre este escándalo y el gobierno se resiste a permitirlo. Ojalá la jueza Lenard recuerde sus quejas de antaño y convoque a la audiencia solicitada por Gerardo y le pida explicaciones al gobierno”.
Si el FBI conocía de la existencia de los agentes cubanos en Miami desde muchos años antes de sus arrestos. ¿A qué atribuye entonces que posterior a los contactos en La Habana entre las autoridades cubanas y estadounidenses en junio de 1998, se produjeran las detenciones de los integrantes de la denominada Red Avispa?
“Según consta en la documentación oficial de este proceso, el FBI conocía de las actividades de nuestros compañeros desde 1994. Nada hizo contra ellos durante cuatro años por una razón muy sencilla: les constaba que no hacían nada en perjuicio de Estados Unidos o del pueblo norteamericano. Cuando sus oficiales de la oficina local de Miami –que son como uña y carne de la mafia terrorista– conocieron de esos contactos actuaron contra los Cinco precisamente para sabotear cualquier posibilidad de cooperación entre ambos países y seguir garantizando la impunidad de los criminales.
“Fue una historia repetida. Cuando se enteraron de que en enero de 1996 el presidente Clinton prometió poner fin a las provocaciones aéreas propiciaron la provocación del 24 de febrero”.
En varias ocasiones lo hemos visto asumir con asombrosa ecuanimidad momentos difíciles en el caso de los Cinco, casi siempre lee sus discursos, y cada palabra es expresión de la meditación y el cuidado. ¿Forma parte de su personalidad o su condición de político no le permite apasionamientos?
“Si a algo estoy acostumbrado es a hablar en público sin leer un papel, pero prefiero, siempre que puedo, escribir lo que digo sobre los Cinco para tratar de evitar distorsiones y lograr que al menos algunos medios alternativos los recojan con fidelidad”.
Imagino que a lo largo de estos años ha tenido la oportunidad de comunicarse con los Cinco, de estar al lado de sus familiares. ¿Cómo ha sido ese acompañamiento? ¿Qué le han reportado esos hombres y familiares en el plano personal?
“Conocer a estos hombres y a sus familiares ha sido, en lo personal, un privilegio. Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René son ejemplos insuperables de generosidad y altruismo. Es impresionante comprobar cómo cada uno de ellos se preocupa más por la situación de los otros cuatro que por su propia suerte. Y así han sacrificado sus años de juventud. Es admirable la dignidad con que sus familiares han soportado el sufrimiento de estos 13 largos años”.
Los meses de septiembre y octubre siempre llegan preñados de mucho dolor, la historia recoge inolvidables acciones criminales dentro y fuera de Cuba. Los terroristas andan sueltos, y la justicia –con los ojos abiertos– permanece sorda y muda. ¿Alguna reflexión al respecto?
“El 11 de septiembre de 1973 fue el golpe militar, la heroica muerte de Salvador Allende y la instauración del fascismo en Chile que asesinó y torturó a miles de chilenos. Otro 11 de septiembre, el de 1980, a plena luz del día, en una calle de New York y como homenaje a Pinochet, los terroristas mataron cobardemente a un inolvidable compañero, Félix García.
“Recuerdo siempre a Orlando Letelier, a quien me unía una amistad a toda prueba y pienso, con dolor y rabia, que quienes le quitaron la vida a él y a Ronni Moffit eran los mismos que durante más de 12 años trataron de matarme. Todos ellos, las víctimas del crimen de Barbados y Fabio di Celmo y los neoyorquinos brutalmente masacrados otro 11 de septiembre, exigen que se les haga justicia. Ellos nos reclaman a nosotros, los sobrevivientes, que redoblemos la lucha consecuente contra el terrorismo en todas sus formas y manifestaciones”.
Desde el inicio de su mandato presidencial, Obama ha estado recibiendo miles y miles de cartas, faxes, y mensajes de correos que reclaman su firma para que ponga fin a la injusticia contra los Cinco. ¿Considera que están creadas las condiciones para que él asuma ese desafío político?
“Hay que seguirle reclamando que ponga fin al cautiverio de nuestros compañeros ya, de los Cinco, sin excluir a ninguno. Es algo que le piden muchas personas de todo el mundo, un reclamo que crecerá y lo acompañará como una ‘maldición gitana’ hasta que los Cinco, todos ellos, regresen a la Patria”.
Usted reitera que para ganar esta batalla se necesita movilizar a millones de personas, desplegar un movimiento de solidaridad verdaderamente amplio y efectivo, pero aún estamos lejos de alcanzar esa meta.   Pide, una y otra vez, que hagamos como los niños de La Colmenita y nos preguntemos ¿qué más podemos hacer? Permítame entonces devolverle esa pregunta.
“Yo solo he reiterado una idea de Gerardo que habló de que la justicia sólo vendría cuando la dicte un jurado de millones. Debemos multiplicar los esfuerzos para llegar a esos millones a los que la tiranía mediática impide conocer la verdad. Hay que hacerlo con la energía y la creatividad de los niños y los jóvenes, sin dejar de explicar este caso, con argumentos, alejándonos de las consignas y la pereza mental, hacerlo a la manera de Abracadabra”.


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