¡Qué desvergüenza!

25 06 2011

                                                               más niños asesinados

 

Hace solo dos días leí en una publicación de internet (no importa cuál) unas declaraciones del exembajador libio ante la ONU, Abdel Rahman Shalgam.

El hombre asegura que Gadafi está buscando dinero y se prepara para abandonar el país en un plazo mínimo, y de paso, que prentende librarse de la Corte Penal Internacional, que se propone juzgarle a él (Gadafi), a su hijo y a su cuñado.

El fiscal de la CPI Luis Moreno Ocampo solicitó el pasado 16 de mayo a los jueces la orden de arresto de los tres libios, quienes han sido acusados de crímenes de lesa humanidad.

¿Podrá entender el exministro de Relaciones Exteriores qué significa principios, amor a su país?

¿Qué credibilidad podrá tener quien muda de piel en minutos y se pliega a los intereses de quienes arrojan bombas sobre sus hermanos?

¿Aprueba este hombre la matanza de inocentes desconocedores de motivaciones políticas? ¿Habrá visto alguna vez el rostro de un pequeño presa de pánico? ¿Le parece bien bombardear las casas de los líderes? ¿Aprueba cazar a los familiares de estos? ¿No sabe que de los tres nietos de Gadafi que asesinaron, dos tenían dos años y una, seis meses? ¿Y los demás inocentes que caen cada día bajo las bombas de la OTAN? ¿Cuál es la diferencia entre estos asesinos modernos y los que eliminaron a miles y miles en distintos campos de exterminio nazis?  ¿Acaso el salvajismo no es igual?

A ningún líder en el mundo se le ha hecho lo que a Gadafi. Recuérdese que antes le habían matado una hija, y que ahora, además de los nietos, cayó su hijo menor.

Los señores de la Corte Penal Internacional, tan ligados a intereses de la OTAN, no tienen intenciones de juzgar tamañas barbaridades.

La demostración de fuerza es sucia; tantos aviones, tanto poder contra un solo país, pero no han podido deblegar a Libia. No se debe subestimar a los pueblos.

 Se puede invadir, se puede virar de cabezas a un país; pero ello no tiene sentido si no ocupan. Y es ahí donde se van a llevar el fiasco. Recuerden que ningún imperio pudo jamás ser eterno.

Hay algo realmente repugnante, porque da la medida de hasta dónde los grandes medios apoyan la hipocresía: quien encabeza la cruzada del crimen es un Premio Nobel de la Paz (¿de qué paz?), solapado, retórico y postalita, más preocupado por sus poses que por los muertos que ocasiona. Un hombre que olvidó sus orígenes y las penalidades de sus ascendientes.

Duele que haya tantos más preocupados por los gastos invertidos en esta muestra de salvajismo que por lo que encierra de barbarie.

 ¿Y los muertos, los huérfanos, los padres que pierden a sus hijos, las viudas, las familias? ¿Cómo reconstruir lo destruido? ¿Cómo sanar sicológicamente a esos inocentes presas del terror?

En verdad, el mundo anda patas arriba. 

¡Oh, poderoso señor Don Petróleo!


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