La guerra que dejó a Bolivia sin mar

29 04 2011

                                           bolivianos
Por Félix López (periódico Granma)

Este 29 de abril los bolivianos celebran el Día del Derecho a la Recuperación Marítima. Granma indaga cómo fue que el mapa de ese país se quedó sin costas…

Cuenta Eduardo Galeano que un niño boliviano pidió a su padre, como regalo, que lo llevara a conocer el mar. Juntos emprendieron un viaje que parecía interminable. Al llegar a la costa y ver aquella inmensidad azul ante sus ojos, el pequeño le hizo un segundo reclamo a su viejo: “Papá, ahora enséñame a mirarlo”.

Más allá de la poesía que encierra esta imagen, es ella la síntesis de un problema nacional para los bolivianos: la pérdida del mar que alguna vez atesoraron en su geografía. ¿Qué ocurre cuando la guerra cambia las líneas fronterizas en los mapas? ¿Quiénes despojaron a Bolivia de su salida al mar? ¿Cuánto hay de razón en el reclamo de los bolivianos?

SALITRE DE LA DISCORDIA

A mediados del siglo XIX el desierto de Atacama había adquirido un gran valor económico debido al descubrimiento de los valiosos yacimientos de guano y salitre. Esos hallazgos se convirtieron en la manzana de la discordia, que Bolivia, Chile y Perú se fueron a discutir en la Guerra del Pacífico.

Pasó un siglo y más del conflicto y todavía hoy existen discrepancias entre historiadores y geógrafos bolivianos y chilenos. Bolivia sostiene que el territorio de la Audiencia de Charcas (primero dependiente del Virreinato del Perú y luego del Virreinato del Río de la Plata), disponía de litoral. Chile lo niega o lo pone en duda. Lo cierto es que al fundarse la República de Bolivia (1825) —denominada inicialmente República de Bolívar—, Simón Bolívar define una salida al mar por Cobija (Puerto La Mar).

También es cierto que antes del inicio de la guerra, las Repúblicas de Bolivia y de Chile habían suscrito dos tratados de límite territorial: el primero de ellos en 1866 y el segundo en 1874. Ambos fueron ratificados y canjeados solemnemente en Santiago y en La Paz.

El 27 de noviembre de 1873, la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, una sociedad chilena formada por capitales chilenos y británicos, firmó un acuerdo con el Gobierno boliviano que le autorizaba la explotación de salitre libre de derechos por 15 años, desde la bahía de Antofagasta hasta Salinas, incluyendo el Salar del Carmen. Dicho acuerdo no fue ratificado por el Congreso boliviano, que entonces se encontraba analizando las negociaciones con Chile, que conducirían al tratado de 1874.

Pasó la guerra. Se olvidaron los muertos. Y Bolivia sigue siendo uno de los dos únicos países en América Latina sin litoral marítimo. En esa situación existen otras 42 naciones, de las cuales 30 se cuentan entre las menos desarrolladas y más pobres del planeta.


UN MAR PARA BOLIVIA

Con la dignidad que el caso amerita, el mandatario aymará Evo Morales ha reclamado desde el 2006 el derecho soberano de una salida al mar para su pueblo. En sus argumentos cobra fuerza la versión de que en 1825 el territorio del país se extendía hacia el occidente hasta llegar al mar. En la costa, su frontera norte era con Perú y la del sur con Chile.

Para los bolivianos, sus derechos sobre el Pacífico vienen de la etapa prehispánica, probada por la presencia en el litoral de la cultura Tiahuanacu y la expansión incaica posterior. El virreinato del Perú definió claramente sus límites al sur en el paralelo 25, a la altura del Paposo (valle de Copiapó), línea fronteriza heredada por Bolivia, como consta en la cartografía internacional de la época.

Los detractores de esta tesis señalan que las fronteras en el periodo colonial eran difusas, sobre todo si una línea de demarcación pasa sobre un desierto como el de Atacama. Existen libros chilenos donde se afirma que Bolivia nunca tuvo litoral; lo que revela otra forma de complicidad entre la historia oficial y la injusticia.

Para desenredar esta madeja de reclamos y desmentidos, hay que conocer que antes de la Guerra del Pacífico, Chile contaba con una economía de exportación basada en las salitreras extendidas por el desierto de Atacama. Capital chileno y británico se repartían el botín del salitre. Todo iba bien hasta que el Gobierno de Bolivia impuso un gravamen de diez centavos por quintal del mineral exportado… Chile invadió a su vecino, argumentando que violaba el tratado de 1874, que establecía un periodo de 25 años sin impuestos.

Cinco años duró la guerra del Pacífico (1879-1884). La victoria chilena movió su frontera hacia el norte y dejó a Bolivia sin acceso al mar. Entonces comenzó otra guerra, la jurídica, que no ha terminado jamás. En el Tratado de Paz, Amistad y Comercio entre Bolivia y Chile (1904), se definió la actual demarcación, según la cual la soberanía chilena se extiende hasta la frontera con Perú y la de Bolivia no alcanza a tocar el mar.

En consuelo, el documento le “otorga” a Bolivia, a perpetuidad, un amplio y libre derecho de tránsito comercial por territorio chileno y por los puertos del Pacífico. Pero el Tratado de 1904 no deja de ser ignominioso, injusto e insolidario con el vencido.

EL JUSTO RECLAMO

Este 29 de abril, cuando los bolivianos celebren el Día del Derecho a la Recuperación Marítima, los que tenemos la suerte de ver el mar comprenderemos la justeza de su reclamo. Como mínimo, Bolivia lucha por conseguir un corredor de unos diez kilómetros de ancho que se extienda unos 160 kilómetros desde su frontera con Chile al Pacífico, con un pedazo de costa en el cual desarrollar la actividad industrial y comercial bajo su bandera.

Históricamente, los funcionarios chilenos han rechazado la idea de que su país está afectando el desarrollo económico de Bolivia, al negarle un pedazo de la costa Pacífica.

Chile salió de la guerra con un ejército más poderoso. La expansión de su territorio le permitió consolidarse como una de las potencias sudamericanas. Perú y Bolivia, en cambio, enfrentaron sociedades desmoralizadas por el desenlace del conflicto bélico. Los primeros, arruinados. Los segundos, sin costas.

Por eso, cuando Evo Morales pide con tanta convicción “un mar para Bolivia”, no está pensando solo en restaurar las líneas de los viejos mapas y obtener un puerto para el desarrollo de su país, lo hace también para sanar las heridas centenarias de la historia y para que los niños bolivianos no sueñen más con el mar como regalo inalcanzable.


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