¡Fuego!, Camajuaní se fue de parrandas

23 03 2011
Fotos: Héctor Darío Reyes
La Diosa del Lago

                             La Diosa del Lago fue la obra que presentaron los chivos.

Alicia en el País de las Maravillas

Alicia en el País de las Maravillas, la monumental carroza de los sapos.

los modelos

Jóvenes camajuanenses son los modelos convenientemente maquillados.

artilleros

Los tableros estallan. ¡Tenemos que quemar todo esto!

ganamos

              ¡Eeeeeehhhhhhh!  ¡Ganamos! ¡Somos los bárbaros! 

Alicia

 La pequeña Alicia encantada en su país de maravillas.

Otra vez las fieras broncas entre los bandos chivos y sapos —al decir del escritor camajuanense ya fallecido, René Batista Moreno—, otra vez las carrozas monumentales y bellas, otra vez los artistas de la pirotecnia haciendo de las suyas, otra vez voladores y palenques inundan la ciudad como si alguien se propusiera tomarla para no dar oportunidad al bando contrario. De nuevo el arte de los parranderos de Camajuaní deslumbra a visitantes y a los naturales del pueblo, aun cuando es lo que todos esperan en esa fecha.
Las parrandas de Camajuaní son así: una tradición en la que se desencadenan las dotes artísticas de los habitantes de la zona: carpinteros, pintores, attrezistas, vestuaristas, maquillistas, diseñadores… Una rivalidad entre dos bandos: los chivos (barrio Santa Teresa) y los sapos (barrio San José).
Las carrozas están basadas, por lo general, en obras literarias o de la cultura universal. Compiten en cuanto a su lucidez y majestuosidad,  en el vestuario y maquillaje de los modelos —jóvenes de la localidad—, en el desplazamiento, acompañado de la música de paseo y los fuegos artificiales, y van tiradas por un tractor que debe avanzar lentamente, mientras el público se extasía; es ese el momento de la catarsis que nadie quiere perderse. Mas eso ocurre generalmente pasadas las doce de la noche.
Esta vez los chivos traían La Diosa del Lago; mientras los sapos exhibían Alicia en el País de las Maravillas, dos obras que quedaron plasmadas en el lente de muchos.
Cada bando se propone lanzar al aire más voladores y palenques que el contrario; hacer más ruido que apabulle al otro. Al final, los chivos quedan convencidos de que fueron ganadores, y los sapos tienen la convicción absoluta de su victoria. Los neutrales no tienen duda alguna de que fueron también vencedores en esa lid artística. Y es así, porque finalmente nos llevamos el cetro todos los que asistimos a ese gran espectáculo que son las parrandas camajuanenses.
Esta tradición está presente también en varias localidades de esta provincia de Villa Clara; en la zona central de Cuba: Remedios, Vueltas, Caibarién…


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