El secreto de Luis Posada Carriles

19 03 2011


Por Jesús Arboleya Cervera

(Progreso Semanal)

                                               Posada

No sé si los lectores coinciden conmigo, pero tengo la impresión que lo más enrevesado del juicio que se sigue a Luís Posada Carriles en El Paso, Texas, es que, como decimos los cubanos, la lista no coincide con el billete, o sea, se habla de una cosa y se juzga otra.

Desgraciadamente no todas las personas que debieran conocerlo están al tanto de los crímenes de este hombre, pero cualquiera familiarizado con el caso, especialmente los cubanos de cualquier parte, conocemos  perfectamente que Posada es un terrorista internacional y no hace falta que nos lo demuestren.

Todos sabemos que el sujeto no ha hecho otra cosa en su larga vida y como si no bastaran las pruebas presentadas por el gobierno de Cuba y los múltiples informes desclasificados del FBI que así lo atestiguan, el propio Posada se ha dado a la tarea de difundirlo, incluso en una autobiografía donde sin recato describe buena parte de sus fechorías.

No obstante, entre aquellos que no se habían enterado antes están los miembros del jurado que debe dictar sentencia en El Paso. Así lo exige una ley que por alguna razón supone que los ignorantes son los que mejor hacen justicia y quizá por ello, en medio de un enredo procesal donde lo obvio llega a marearnos, el fiscal se ha dado a la tarea de “descubrirles” quien es el terrorista Luís Posada Carriles. La pregunta es para qué se hace esto.

Los numerosos testigos presentados por la fiscalía, incluyendo a oficiales cubanos, no han hecho otra cosa que volver a relatarnos lo que ya sabíamos, o sea, que Posada fue el organizador de la cadena de atentados dinamiteros organizada contra instalaciones turísticas cubanas, en los que resultó asesinado el italiano Fabio di Celmo. En realidad, hasta el propio Posada lo confesó al New York Times, aunque ahora la periodista que le hizo la entrevista aparece como testigo estrella de la fiscalía para certificar algo que el acusado confirmó, además, ante las cámaras de la televisión norteamericana.

Otra cuestión que también es de conocimiento público por culpa del mismo Posada y que, sin embargo, el fiscal trajo a colación, fue que estas acciones se llevaron a cabo con el apoyo político y financiero de ciertos miembros de la Fundación Nacional Cubano Americana; lo que implica a importantes figuras del llamado lobby cubanoamericano del cual forman parte congresistas y senadores de origen cubano. No obstante, como solo salieron a relucir algunos muertos o colaboradores de menor envergadura, la revelación nos dejó con las ganas de saber cosas que nos imaginamos, pero que nunca han sido esclarecidas totalmente.

De igual manera, nada se ha hablado del peor de los crímenes de Posada, la voladura en pleno vuelo de un avión cubano en Barbados donde fueron asesinadas 73 personas y sobre lo cual aún permanece en nebulosa la participación de la CIA. Tampoco ha pretendido esclarecerse el papel de la embajada de Estados Unidos en la fuga de Posada de la cárcel venezolana donde se encontraba retenido y su posterior aparición en un campamento de la CIA en El Salvador, toda vez que es poco convincente el cuento, también narrado por Posada, de que todo ello ocurrió gracias al apoyo de algunos amigos.

Mucho menos es un secreto que la CIA reclutó a Posada a principios de la década del 60, que lo entrenó y utilizó en numerosos atentados contra Cuba, incluso que lo situó como agente en los cuerpos de seguridad venezolanos y se ha publicado el testimonio de personas que relatan la forma en que fueron torturados por el famoso “comisario Basilio”, uno de sus muchos pseudónimos ahora internacionalmente conocidos.

Lo que todavía no se sabe a ciencia cierta es hasta cuándo la CIA estuvo utilizándolo y cuál es su compromiso actual con el sujeto, por eso tuvimos la ilusión de que nos enteraríamos en el juicio; recordemos que la defensa basa sus argumentos a favor del acusado en el valor de esta colaboración. No obstante, la cosa no ha pasado de la amenaza y la fiscalía, con el apoyo de la jueza y la indulgencia del defensor, ha logrado mantener en secreto, “por razones de seguridad nacional”, los documentos que hubiesen podido iluminarnos.


Nadie duda que Posada ingresó ilegalmente a Estados Unidos, de hecho está allí sin documentos que lo respalden, y por esta razón son expulsados todos los días cientos de infelices sin importar cómo llegaron: si caminando o aterrizando en un paracaídas. Pero incluso también se sabe cómo arribó porque en su momento lo denunció la prensa mexicana, este semanario, la cubana y la estadounidense, mientras el hombre descansaba tranquilamente en la casa de un amigo en Miami sin que las autoridades se dignaran apresarlo. Fue la megalomanía del tipo, que se atrevió a dar una conferencia de prensa, la que obligó a llevar a cabo una detención VIP y encarcelarlo brevemente en calidad de inmigrante ilegal. No obstante, ni siquiera por esto decidieron condenarlo ya que de hacerlo hubieran tenido que considerar en serio la solicitud de extradición solicitada por el gobierno venezolano.

La trampa radica en que estas informaciones, suficientes a pesar de la manipulación para enviar varias veces a la silla eléctrica a cualquier terrorista musulmán o a alguien que simplemente parezca serlo, resultan a la larga irrelevantes para juzgarlo por estos crímenes, porque de eso no se trata el juicio.

Lo que se quiere demostrar es que Posada efectivamente los cometió, pero no los confesó adecuadamente a las autoridades norteamericanas y por tal razón se le juzga por mentiroso. Curioso contrasentido: si el tipo hubiese sido sincero, actualmente no existirían cargos contra él.

A favor de Posada hay que decir que no lo hizo porque era consciente de que aquellos que tenían que saberlo lo sabían y harían lo imposible por protegerlo. El silencio respecto a la complicidad de Estados Unidos con sus crímenes y los personajes involucrados en ellos son seguro de vida. Y esta vez la larga lengua de Posada no va a soltarse.

En esto, y solo en esto, radica el secreto de Posada Carriles. Todo lo demás lo conocemos y resulta intrascendente. Por ello, como nos reporta el abogado José Pertierra, el anciano duerme plácidamente mientras los demás discuten en la seguridad de que gente muy poderosa no tiene otra alternativa que esperar con impaciencia que se lleve su secreto a la tumba o, de lo contrario, se exponen a que el viejo terrorista provoque otra de sus masacres, aunque esta vez las víctimas no serían personas inocentes.


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