Bailando suave… y no tan suave

23 07 2010

 UNA PROVINCIA CUBANA QUE GANA LA SEDE DEL ACTO POR EL 26 DE JULIO SIN RENUNCIAR A SU RECREACIÓN.

                               Foto Zaidita y Pedro

Mapa CubaNo, no es mi intención hacer comentario alguno acerca del conocido romance musical norteamericano Bailando suave
Ahora que mi provincia de Villa Clara —la más central de Cuba— ha ganado el derecho a ser la sede del próximo acto en conmemoración del 26 de Julio —fecha del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en 1953—, pretendo referirme a la recreación de la población adulta de su ciudad cabecera, Santa Clara.
 Para ello se impone tomar en consideración que es, precisamente, la provincia de Villa Clara la más envejecida del país. Tanto, que se calcula que cerca de un 23 por ciento de los villaclareños sobrepasará su sexta década de vida para el 2015.
 Un colega nuestro, Nelson García Santos, escribió un comentario sobre tema similar —Bailando hasta los 120— el último día del año 2008 en la página 2 de Vanguardia.
 Él aludía a esas personas ya entradas en años que en las tardes de cada fin de semana bailan en los portales de la Casa de la Cultura o en el parque Leoncio Vidal.  Pero no son solo ellos los que han convertido el baile en una insustituible terapia.
Sin duda, la población adulta de la Ciudad del Che ha ido encontrando sus espacios  recreativos con el surgimiento de diversas peñas bailables.
Parece ser que se han apropiado muy bien del contenido de un spot televisivo que expresa más o menos que la cuestión no está solo en dar más años a su vida, sino en dar más vida a sus años.
Han ido surgiendo peñas que satisfacen las preferencias más diversas: la del danzón, de la música conocida como “de la década” —en alusión a la que primó en los años 60—, la del Bolero y el Filing, la del Quinteto Criollo con su cantante Ernestina Trimiño —la voz juvenil de los campos de Cuba— y otras.

Quiero detenerme en la Peña del Bolero y el Filing por ser la a la que asisto con asiduidad. Se le conoce como  la Peña de Zaidita Castiñeiras, y tiene un público fijo con diversidad etaria, que la sigue a todas partes y que cada vez es más numeroso.
 Diría, sin temor a equivocarme, que es la de más alto poder de convocatoria.
 Hacia cada uno de los lugares donde tiene lugar se mueven sus seguidores buscando dar riendas sueltas a su espiritualidad.
Zaidita Castiñeiras es una  multipremiada cantautora, que ha devenido orgullo de nuestra localidad; junto a su esposo, Pedro Alejo, y otros invitados, profesionales o no, regalan una verdadera fiesta del espíritu en cada una de sus presentaciones. Él se convierte, además, en un excelente animador de cada cita. Su voz y estilo gustan sobremanera, al punto de que se le espera con verdadera expectativa. También actúan Ricardo Rojas, Lucía La Bastida, Santico, Félix Bárbaro, José Vizcaíno, Olga la batanga, Zenaida Ciscal… muchas veces acompañados por la guitarra del maestro Enrique Cárdenas.

                                             Con Ricardo y Vizczíno
             
Pedro Alejo canta acompañado de Ricardo Rojas y Vizcaíno.

Bailadores de diversas edades convergen allí con alegría contagiosa para tararear a coro con el intérprete de turno, a bailar música suave —aunque cada edición finalice con una especie de conguita de la que nadie puede sustraerse—, a escuchar las declamaciones, a soñar.

Piezas antológicas del cancionero popular latinoamericano: Contigo en la distancia, Solamente una vez, Quizás, quizás, PerfidiaVolver, Bésame mucho, Yolanda, Noche de ronda… transportan directo a las nubes en una nave de amor.

  Pero cuando llega Ricardito Pérez, el declamador —voz y acento perfectos para esta variante artística—, con él viene la catarsis: el Poema 20, de Neruda; Un poema de amor, de Guillén; No te salves, de Benedetti…
Mas, aquí no termina la recreación. Cuando a las 8:00 de la noche finalizan Zaidita y sus invitados,  algunos se dan una vueltecita por el Parque Vidal, otros acuden al Café Literario y prueban su sorbito, los más se sientan a conversar; y todo eso porque están en espera del comienzo de la actuación del grupo Pretexto, en los portales de la Casa de la Cultura. Entonces, de nuevo ¡a bailar!
Allí converge un público muy heterogéneo, porque la música se ajusta bastante a las distintas edades.
 No hace falta convocar a través de ningún medio, ni siquiera el expendio de bebidas alcohólicas. La gente acude espontáneamente a tan sana distracción. Y puede que de allí salga alguna que otra parejita. Es que el amor no tiene edad.
Decía Nelson, con toda razón, en el comentario al que hice referencia, que tales peñas son demostrativas de las posibilidades de uso de lugares abiertos y céntricos para canalizar la recreación sana.
Estoy de acuerdo con él en que los organizadores de tales actividades deben mirar hacia allí para la búsqueda de experiencias sin que se pueda alegar falta de locales o de transporte y sin que haya que convocar demasiado al público.
Nada, que en mi ciudad se canta y baila en las noches, porque quienes rebasan los cuarenta años han decidido ponerle término al estrés acumulado durante la semana, y hacer algo para, si no se puede llegar a los 120, al menos, acercarse y no perder nunca su capacidad de asombro y emociones. Y para ello nada mejor que el enriquecimiento de la espiritualidad del individuo.
Entonces ¡a echar su pasillito! que con el optimismo y la alegría de los santaclareños, quién sabe hasta dónde se pueda llegar.


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