Gerardo: creer en la esperanza

5 06 2010

logotipo de los CincoA propósito de su cumpleaños.

Por Marlene Caboverde Caballero* 

“….voy a esperarte bajo el olmo verde,
bajo el olmo sin hojas.
Voy a esperar hasta que el último haya regresado
y aún después”
Bertolt Brecht

Foto GerardoLo condenaron al destierro del silencio, al castigo de la soledad más sórdida; colgaron de su cuello como un trozo de hierro dos cadenas perpetuas y lo lanzaron al vacío de una celda, al imperio del mal en una prisión. No obstante y pese a todo, se reía.

Ellos, los que le juzgaron y condenaron, no sospecharon que él se las arreglaría para edificar tras las rejas ese país donde un hombre y una mujer jamás correrían el riesgo de gastarse, ni siquiera por tantos besos.

Quisieron roerle la voluntad y entonces transformó El necio, de Silvio en un himno antirratas. Pretendieron usurparle la bondad, pero llegó Cardenal, un pichón recién nacido, desplumado y muerto de frío, como la renovación en el alma del valor de un amigo.

Alguien pensó que a fin de tacharle el júbilo lo ideal sería cerrar su expediente, borrar el caso, ignorar su existencia en la vieja Victorville de muros y paredes grises. Pero amaneció la solidaridad en miles de manos, rostros y voces que iluminan sus días con esos te queremos, no te rindas, estamos contigo, esperamos por ti, te liberaremos.

Y así crecía en su cara aquella sonrisa odiada y maldecida por los inquisidores de la libertad. Decidieron que acabaría aniquilado por la nostalgia del tiempo y las distancias si persistían en negarle los abrazos, los labios y el pecho caliente de su mujer. Pero a él le bastaba aquella boca de primaveras saltando de una fotografía, y se veía en sus ojos, y ella le hablaba y le devolvía los encuentros, las promesas, los nombres de los hijos visibles, posibles, que flotaban en algún punto de los universos.

Fallaba la agonía de las dos cadenas perpetuas y esos, los que creían en lo infalible del martirio, quedaban aplastados, entre el desconcierto y la derrota por el gozo que pervivía en el rostro de aquel hombre.

Y, ¡para colmo! lo llaman Cuba… se retuercen los hígados lo que se empeñan en hostigarlo con los cuchillos de la tristeza. Y además, reparte dibujos con gaviotas, conejos y pepinos a los demás prisioneros que quieren consolar a los niños que les esperan en casa, y también hace que la sala de visitas y el patio se desborden de carcajadas, de una insólita alegría.

No durará dos cadenas perpetuas, deciden definitivamente y hasta aliviados, aquellos que lo condenaron al destierro del silencio y el castigo de la soledad. “¡Qué tontos!”, piensa él porque sólo acaba de cumplir los 45. Es cuatro de junio y entonces conversa con el espejo, se burla de su calvicie, vuelve a recordar a Cardenal y se alegra como un crío.

Luego de casi doce años, aquellos de espíritu seco y vista corta quedan a la zaga de esa fórmula tan simple de Gerardo Hernández Nordelo, que consiste solamente en creer en la esperanza…

*Periodista de la emisora municipal Radio Jaruco y coordinadora de su programa “Alas de Libertad”, dedicado a nuestros 5 héroes  


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