Lo que les importa la vida de un “disidente”

9 04 2010

Por Andrés Gómez (Tomado de CubaDebate)

                                                    foto Orlando Zapata Tamayo

                         El delincuente común Orlando Zapata Tamayo.


Nada nuevo hay en las campañas mediáticas y políticas en contra de Cuba, como la actual, que han existido durante los últimos 50 años. Nada tienen que ver con la verdad. Como parte de la actual campaña, por ejemplo, ninguna cosa importa que Orlando Zapata Tamayo, nunca estuvo encausado ni condenado por delito político alguno. Ninguna cosa importa que sus reclamos, por los cuales comenzó y mantuvo su huelga de hambre hasta su suicidio, nada tienen que ver con motivos políticos.
Ese individuo fue encausado y condenado por los tribunales competentes repetidamente durante los últimos 19 años por haber sido encontrado culpable de diferentes delitos comunes. Largos años estuvo preso durante ese tiempo por insistir en ser un vulgar delincuente.
Parece ser que durante esta última de sus giras por cárceles cubanas alguien lo convenció que se convirtiera en un “disidente”. ¿Por qué no? Siendo “disidente” recibiría dinero -digo lo poquito de dinero que les llega a esa gente desde Miami del dinerín de las decenas de millones de dólares que anualmente presupuesta la administración de turno en Washington para en Cuba mantener esa oposición al gobierno cubano- sin tener Zapata que robar al salir a la calle habiendo cumplido su más reciente condena.
Un negocio redondo, si es que llegara a recibir algún dinero por ejercer su nueva profesión, moralmente no muy diferente de la que siempre había ejercido.
Nada importa tampoco a los que dirigen y mantienen la actual campaña en contra de Cuba que la razón por la cual Zapata mantuvo su huelga de hambre hasta lograr su muerte, no fue a consecuencia de una petición de índole política, por absurda que esta pudiera haber sido, no, Zapata lo que exigía de las autoridades cubanas era que en su celda le instalaran un televisor, le facilitaran un teléfono celular (supongo que con su línea y servicio telefónico ilimitado), y un fogón para él cocinar su propia comida.
Vaya, ¿por qué no? A ver, si él era un bárbaro, ¿por qué no? Seguro estoy que Zapata estaba convencido de que nadie antes, ni en esa ni en ninguna otra cárcel cubana ni en ninguna cárcel en ningún otro país del mundo, se le había ocurrido semejante exigencia. Y él lo hacía porque él era el bárbaro más bárbaro…
La cosa es que para que todos entendieran que estaba en serio comenzó su huelga de hambre por su televisor, su teléfono celular y su cocina. Del resto se encargarían sus amiguitos y amiguitas “disidentes” en Cuba y aquellos que dirigen las campañas en contra de Cuba en Miami, Washington y otros lugares en el extranjero.
Y así comenzó esta otra vez todo este circo. Por arte —no de magia— sino de una muy eficiente y bien financiada maquinaria mediática y política, de delincuente común Zapata se convirtió en otro “disidente” luchando como todos los demás “disidentes” por los derechos humanos.

                                             foto el nuevo herald
Nada nuevo. ¿No pretenden los que sostienen estas campañas anti-cubanas, incluyendo a ese prestigioso rotativo miamense, El Nuevo Herald, que Luis Posada Carriles, Orlando Bosch, Pedro Remón y otros consortes no son terroristas confesos sino “activistas anti-castristas”? ¿No nombró Washington por unos añitos como su embajador ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU a Armando Valladares, un incapaz, terrorista y ex policía del la dictadura batistiana, entre otros atributos?
Entonces, ¿qué hay de extraño que a Zapata los enemigos de Cuba lo convirtieran de un reincidente delincuente común en otro “disidente”, en otro “preso político”?
¿Qué llegara a matarse? ¿Qué le costó su vida? ¿Qué les importa a los enemigos de Cuba la vida de Zapata?
A los que iniciaron y mantienen la política genocida de Bloqueo; a los que defienden la política de terrorismo de Estado mantenida por décadas por Estados Unidos en contra de Cuba, que le ha costado al pueblo cubano miles muertos; a los que defienden la cruel Ley de Ajuste Cubano que otras tantas vidas inocentes cubanas ha costado —incluyendo las de miles de niños— ¿les va a importar la vida de Zapata o de cualesquiera otros “disidentes” que intenten imitarlo? ··


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