El Jardín de la Gorda

5 03 2009

sara-amaury.jpg                                                       

Estuve una temporadita por La Habana en un curso organizado para correctores de prensa; por cierto, muy útil.

En mi segundo día de estancia en la capital tuve la oportunidad de asistir a El Jardín de la Gorda, la peña de Sara González, en el Vedado, y que en esa ocasión tenía como invitado nada menos que a Amaury Pérez Vidal.

Claro, escribo estas líneas un poco a destiempo, porque ello ocurrió el domingo 22 de febrero, mas sirva como excusa que después estuve enfrascada en el curso al que me referí.

Tal actividad, que transcurrió a lleno completo, fue anunciada reiteradamente por la Televisión Nacional. No imaginé que tendría ese privilegio.

El escenario es el patio de una casona, debajo de múltiples árboles en cuyas raíces había personas sentadas —no podían alcanzar los asientos—; otros la escuchaban acomodados en el suelo o de pie, porque Sara es toda una leyenda, acostumbrada a cautivar a un público diverso, una intérprete que ha conquistado a medio mundo, que sabe dialogar y mantener el interés del espectáculo.

 Más de una vez puso de pie a todos. Y ella repetía:

 “¡Ahorren  los aplausos, que esto se va a poner bueno!”.  

No veíamos a Amaury por ningún lado, y ya sufríamos por él cuando llegó ese digno hijo de Consuelito Vidal.

 Ni qué decir, porque, guiados por la anfitriona íbamos camino a las nubes; al llegar él, ella le entregó las riendas de  la nave, y Amaury nos condujo al cielo.

Dije que es un digno hijo de Consuelito Vidal no solo porque pienso que ella fue maestra en su formación, sino por la facilidad con que él se comunica, por las ocurrencias que ponen a reír a todos, porque ella le dio mucho de sí: su simpatía, carisma, agilidad mental…

De sus valores como intérprete y compositor, de su poder de convocatoria no es necesario hablar.

Siempre que iba a interpretar una de sus canciones explicaba antes las circunstancias en que la concibió.

 Realmente, se trató de un espectáculo excepcional, una oportunidad única para mí poder escucharlos cantando a dúo.

Al final, cuando ya poníamos pie en tierra, escuché a dos mujeres que dialogaban:

—Únicamente en Cuba se puede asistir a algo así sin tener que pagar ni un centavo. 

Quienes allí estábamos les hicimos saber nuestro agradecimiento a ambos intérpretes y a los organizadores de esta peña por la tarde que nos regalaron.

Y yo me quedé deseando una estancia más prolongada para asistir a su próxima peña.  

   


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One response

5 05 2010
luisa

Me encanta ir al Jardin de la Gorda, todos el útimo domingo de cada mes, se pasa bien enfamila.. buien sitio para desconectar.
Qusiera que el proximo domingo fuera como invitado Amaury Pérez.
Gracias.

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