Tomás se nos fue, pero se queda

18 11 2008

 

Tomás Álvarez de los RíosLa  felicidad es un estado maravilloso,
 cuanto más se da, más le queda a uno.

 El ya nonagenario periodista y escritor espirituano Tomás Álvarez de los Ríos se nos fue recientemente, mas quedará siempre en la memoria de quienes le conocieron directa e indirectamente.

Había nacido un 28 de julio de 1918 en Guayos, perteneciente a Sancti Spíritus, una de las provincias centrales. Su cuna humilde lo llevó a desempeñarse lo mismo como cortador de cañas, herrero, despalillador de tabaco,  que como lector de tabaquería…

Por esta vía y sus innatas cualidades, se adentró en el mundo de la literatura, y escribió en periódicos de su localidad. Fue militante del Movimiento 26 de Julio, estuvo encarcelado tres veces, entonces, marchó al exilio, en Venezuela, de donde regresó con el triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959.

A partir de entonces desplegó una activa labor literaria con la publicación de varias novelas, entre ellas, Las Farfanes, Tronco, ramas y raíces, Esos carreteros, Candelaria…

Durante años fue delegado a la Asamblea Provincial del Poder Popular desde la cual defendió con ardor el patrimonio y la cultura de su región.

Parecía salpicado con pimienta. Su originalidad, su picardía, su salero, no disminuyeron con la vejez. Más bien le sirvieron para reforzar su instinto de lo popular al picaresco hombre, que, una vez, durante el VII Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (1999), sostuvo un enjundioso diálogo con Fidel pleno de sabor y amenidad. En aquella ocasión, el líder cubano se interesó por los refranes que había acopiado el bromista Tomás, y estos fueron publicados en un libro; también lo invitó a viajar a Venezuela.

 Uno de los primeros spots que situé en esta mi página se refería a aquella idea suya de reunir refranes y proverbios de distintos lugares del orbe con los que tapizó las paredes de su casa, que devino en el único Museo de los Refranes del mundo. Los hay de temas muy diversos: el amor, el saber, la naturaleza, el comer, la felicidad…  De esta forma resguardó él un verdadero cúmulo del saber popular.

Se fue Tomás con la misma sencillez con que pasó por la vida, y nos deja su manera criollísima, su simpatía y la convicción de que son compatibles la responsabilidad ante la vida y la enjundia de un perfecto fastidiador. (Oslaida Monteagudo)


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